¿Se pueden compaginar dos profesiones? ¿Encontraré trabajo?

O, en otras palabras, ¿la publicación de mi escritura hace daño a mi búsqueda de empleo como ingeniero? Seguro que esta duda la tienen otras personas que buscan un trabajo para poder pagar el alquiler pero desean escribir, componer, bailar… Y, en general, cambiar poco a poco de sector o abrir un nuevo abanico de posibilidades (sin soltar la anterior).

Se pueden compaginar dos profesiones

Como muchos sabéis de los que leéis por aquí (aunque no comentéis, ejem, ejem), nací dividido entre mis dos vocaciones: la ingeniería y la escritura. Cuando escribo durante demasiado tiempo, añoro rellenar aburridas tablas de control y establecer protocolos de eficiencia en procesos complejos (sí, soy especial).  Pero cuando trabajo durante demasiado tiempo de ingeniero, echo de menos el crear mundos imposibles sobre el papel y escribir relatos para todo aquél que quiera distraerse durante unos minutos.

Ha quedado patente que ambas pasiones pueden combinarse, como estoy empezando a hacer para Ferrovial como divulgador de contenido ingenieril «curioso». En mi primer artículo, por ejemplo, explico cómo se construyó el primer puente sobre las cataratas del Niágara (haciendo uso de una cometa).

La falta de seriedad empresarial

La duda me surge al pensar que no encontraré trabajo «serio» de ingeniero si continúo publicitándome en las redes sociales como escritor. Especialmente en LinkedIn, donde estoy bastante activo. ¿Me veo como un candidato menos serio si sigo haciéndolo?

No es un secreto el que muchos responsables de empresas que no tienen que ver con las artes tienden a pensar que estas son una bobada, una pérdida de tiempo o ambas a la vez. O incluso que pueden llegar a suponer una distracción para el empleado el tener todas estas chorradas en la cabeza, que no ha madurado y que sigue en los mundos de Yupi.

Al igual que cuando no te ríes no trabajas, el tener varios empleos, siendo uno de ellos dedicado a las artes, puede ser considerado como una falta de seriedad o compromiso. La distracción de un tipo poco formal.

La posibilidad de elegir siendo empleado

Por otro lado está el hecho de que en una empresa se valora mucho el tenerte pillado por los huevos que no tengas otras formas de ingreso. De este modo, apretar las condiciones laborales se vuelve una opción viable y sigues aguantando el temporal porque, bueno, no tienes otra cosa. No digo que todas las empresas lo hagan, pero sí que muchas ingenierías tienen estas malas praxis implantadas en su ADN empresarial.

Cuando un empleado es económicamente independiente y puede irse de un día para otro, constituye un riesgo para la empresa. Motivo por el que la promoción interna de conocimientos tiende no solo a restringirse, sino a prohibirse de manera sistemática. Recuerdo una empresa en la que se me vetó a aprender cálculos estructurales con un programa en horario de oficina, solo con objeto de no equiparar mi sueldo a la compañera que sí tenía esos conocimientos.

La vida es corta

Pero no se puede vivir con dudas, con miedo a lo que pasará. Dicen que la mayoría de las personas se arrepienten de no haber vendido su empresa cuando les hicieron una oferta, de no haber tenido hijos, de no haberse casado, de no haber dicho o hecho… ¿Vais viendo lo que tiene todo en común?

El no haber hecho algo constituye el mayor motivo de arrepentimiento a lo largo de nuestras vidas, y estas son más bien cortas. Si no lo hago hoy, quizá no lo haga nunca.

Es posible que, dentro de unos años, atareado y feliz dentro de una empresa, deje la escritura de lado para siempre. O al revés. Pero no quisiera llegar a los 40 y pensar…

¿Qué hubiese pasado si…?

De modo que, cada poco tiempo, publicaré alguno de los relatos más compartido y con más comentarios en redes sociales en LinkedIn. Es posible que algún trabajador aburrido, buscando curro desde su oficina, me lo agradezca.

Comparte si quieres que me llame una ingeniería para darme un sueldazo 😛