Toma decisiones aunque puedan ser erróneas

Hace un par de días, durante una conversación con un compañero de trabajo, surgió el tema de cometer errores. Yo cometo errores todos los días. Lo sé, no es algo que suelas oír de un profesional y, sin embargo, me considero uno. Cometo errores porque prefiero tomar decisiones a quedarme parado a que vengan las hostias.

A mi compañero, que ha entrado hace poco, le comentaba que no tuviese ningún problema en llamarme la atención sobre el trabajo ya que tomo decisiones con tal de que los problemas no se enquisten y formen un problema aún más grande. Prefiero recibir críticas constructivas a verme un lunes cualquiera atrapado en un problema que he ayudado a crear por no haber hecho nada.

Toma decisiones aunque puedan ser erróneas

Vamos a poner un ejemplo que cualquiera verá claro. Imagina que tienes dos ofertas de proveedores para realizar una al cliente. Ambas ofertas son iguales salvo en un factor que parece decisivo: el precio. Como no tienes una tercera oferta con la que comparar, no sabes si uno de los precios es bajo, si el otro es alto, o están ocurriendo ambos casos a la vez.

Para mí la opción está clara: cualquiera de las dos es válida. Llamaría a ambas empresas diciéndoles que he encontrado números diferentes y que revisasen el presupuesto (esto si hay tiempo). Si no, elegiría la cara. Como es posible que el cliente final me la eche para atrás, aún tendía el as del segundo proveedor, más barato.

En cualquier caso, he respondido bien al cliente, y este sabe que puede contar conmigo para la siguiente. Incluso si no hemos llegado a un consenso con las cantidades (que será fruto de una negociación posterior). Incluso si me he equivocado y he perdido algo de dinero en el camino, o si me pasaba un poco por financiación.

Si esperas a que otro tome las decisiones por ti, otro lo hará, pero las dirigirá hacia sus proyectos.

Es por eso que, como consejo, te digo: toma decisiones. Para la mayoría de ellas siempre hay una vuelta atrás. Una de nuestras barreras es que jugamos para no perder en lugar de jugar para ganar.