Ajenos

Sin conocer su verdadera situación en el mundo, la araña tejía –dentro del angosto hueco de la pared– su trampa para visitantes menos afortunados que ella. Plenamente consciente de que el mundo era suyo, e incapaz de ver el error de cálculo cometido en ese pensamiento. Ajena al lugar que ocupaba en el universo, la araña trenzaba su propia trampa. Sin esperar insectos más grandes que ella misma.

Ajenos

A pocos metros de ella, el señor Higaisha rellenaba el formulario de inscripción, sabedor de que sería él quien consiguiese el demandado puesto de trabajo. Demasiado en la vida lo había traído hasta donde estaba como para que fuese otro quien se lo llevase. Había trabajado duro durante muchos años para lograr estar donde se encontraba ahora mismo. Había sufrido durante años los abusos de empresas para lograr aquella entrevista.

La araña apuntalaba los últimos remates del embudo que constituía su pegajosa trampa. En pocos minutos, cualquier insecto que entrase en ella en busca de la secreción que había colocado por sus paredes quedaría atrapado por su propia codicia.

Miró alrededor y sonrió a las cinco personas que se encontraban junto a él en la salita de espera. Todos habían venido por exactamente lo mismo: unas condiciones económicas fuera de escala. El trabajo ideal, si es que existía, era ese. Y todos creían de manera firme que sería suyo y de nadie más.

La araña apuntaló la última fibra y se replegó de espaldas a la humedad de su nido. Ya había colocado el olor, y solo era necesario esperar el tiempo suficiente como para que cayese su primera víctima.

La puerta se abrió, y mencionaron su nombre de pila. Higaisha sonrió mientras se levantaba y ponía en orden su corbata. El resto de candidatos lo miraron con una mezcla amarga de insatisfacción, a la espera sincera de que saliese pronto con cara abatida.

La araña sintió una vibración en la tela. Algo había caído en ella, se había quedado atrapado y luchaba por huir. Por el temblor de los hilos donde mantenía sus patas, se trataba de una mosca pequeña, insignificante. La primera víctima había caído en la tela.

Higaisha entró en el despacho, y cerró la puerta detrás de sí.

La araña tensó su cuerpo, a la espera de saltar a por su víctima.

Al otro lado de la mesa, alguien se levantó, y una sonrisa le dio la bienvenida a Higaisha.