Aleatoriedad forzada

Capitulo 15 Aleatoriedad forzada

Había salido de la simulación y estaba llorando. Se cogía las rodillas y temblaba mientras su padre trataba de enseñarle cómo asimilar la dureza de sus actos.

―El problema, hijo, de jugar a ser un dios es que luego tienes que saber llevar las consecuencias de lo que has hecho como uno.

Horas antes, el tiempo saltaba como la aguja sobre un tocadiscos con el plato roto. El movimiento de los dados en su mano denotaba la paciencia de una eternidad mientras observaba el cruce. Y era verano de nuevo. Y ella bajaba a la calle con su vestido de teselas rosas, verdes y azules. Sonrió desde que cerró el portal hasta que le abrazó la cintura.

Tres horas más tarde las luces de la ambulancia le cegaron, absolviendo el sonido de la atmósfera al mismo tiempo. Y ya no había sol. Los dados se encontraban estáticos sobre el tapete, y habían decidido una muerte aquella tarde. Dos horas más tarde, un niño comenzaría a llorar solo, en su cuarto.

Pero aún son las seis de la tarde, y él le abraza aún, y le besaba obteniendo besos a cambio. Ambos eufóricos, ambos felices. Ambos vivos. Se suben a la motocicleta, que aún respiraba el oxígeno que les robaba a ambos. Pero ellos no están pensando en esto, están enamorados, y hace un maravilloso día de luz y calor.


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