B4BEL

B4BEL

Soy el responsable de la Cámara. Soy el responsable de la Cámara, se repetía a sí mismo como un mantra mientras temblaba en el aseo de caballeros. Derek no se reconocía en el espejo desde que era pequeño, desde que la autorrealización se escapó por sus débiles manos en forma de aquél balón que se escurría. Ahora, veía gotas caer por el maltrecho rostro que le había tocado, y no era capaz de decir de entre todas aquellas perlas de agua cuál resultaba ser la lágrima de tristeza que sabía había escapado por sus ojos. Enderezó las piernas robóticas del l’agnate y salió del baño con el paso firme de unas piernas que no eran las suyas. Era un lisiado. Un mero pegote de piel colocado en un cascarón que servía para recibir las órdenes de su movilidad. Un cerebro sano en un cuerpo putrefacto que no le correspondía. Todo él estaba insertado en la estructura del l’agnate, que lo rodeaba y abrazaba con sus zonas acolchadas, tubos y pequeñas sondas. Llegado un punto, aquellas piernas metálicas resultaban más él mismo que esos dos apéndices absurdos que colgaban por debajo de una cintura inútil. Pensó adelante y su cuerpo prostético se movió para entrar en la cámara con el siseo magnético de las puertas. Soy el responsable de la Cámara.

—Menuda piltrafa —soltó Karolina a uno de sus compañeros de ideales al ver a Derek entrar a la sala, con cuidado de que Derek pudiese oírlo.

—Buenos días, Karolina —tuvo como respuesta a través de la voz sintetizada de los altavoces del exotraje, que actuaba a su vez como comunicador.

Hacía tiempo que Derek había perdido de manera parcial la facultad de hablar a través de sus cuerdas vocales, y su débil voz real se solapó a la emitida a través de los imanes en resonancia. Sin duda, la prensa atacaría la votación de hoy gracias a esta situación excepcional.

El secretario de la Cámara manipula los votos.

Votación dirigida por la Cámara.

¿Ha sido legal la votación de hoy?

Condujo a su l’agnate al asiento elevado que ocupaba y suspiró en silencio mientras observaba cómo se llenaba poco a poco la Cámara. Karolina Ed. Ayen estaba fumando dentro del edificio, pasándose por alto un centenar de normas internacionales. Alta, de facciones delgadas y claramente operadas con cirugía genética, se suponía que Karolina era el súmmum de la belleza moderna. Derek solo veía una mierda ridícula y tóxica repleta de huesos y aristas. Volvió a suspirar. Hija de la gran puta, maldita cerda manipuladora.

***

Había salido al improvisado estrado un joven que representaba al colectivo B4BEL, quienes habían presentado la petición formal ante el órgano de gobierno para efectuar su discurso hoy, antes de las votaciones. Algo con lo que no todas las posturas políticas se sentían cómodos. El discurso había sido aprobado a fin, por supuesto, de concienciar a los diputados sobre la importancia de su voto en el mundo que se avecinaba.

No podía tener más de dieciocho años, pero su elocuencia era mucho mayor que la de la sarta de gilipollas de la que Derek se veía rodeado a diario en la cámara. Había sido el propio secretario quien había dado luz verde a la propuesta, y permitido la entrada de tecnología ciborg por encima de la previamente aprobada. A cambio, por supuesto, de dar cabida a un representante de la oposición, otro asqueroso trajeado.

Quiero dar las gracias a todos por haber sido invitado a esta cámara. Tanto yo como mi asociación somos conscientes de la relevancia de la generosidad…—Gesticulaba con manos y cabeza, dando muchísima más relevancia a esa unión que provoca la conexión de una mirada que a las inflexiones de una voz que, por otro lado, resultaba perfecta.

A pesar de que ninguno dentro de la cámara era consciente, el propio Derek había estado en contacto con el equipo de ingenieros que desarrollaron la tecnología vocal que ahora ostentaba aquel magnífico orador, así como su propia silla l’agnate. La boca del muchacho no se movía salvo para sonreír y cambiar su semblante, y el sonido surgía de emisores situados en su cuello, hombros y  clavícula. Las frases iban directas desde su cerebro hasta la pequeña cadena de procesadores que sustentaban el habla en estéreo.

Para la mayoría de las personas que habían tratado con esta tecnología, hablar a través de un vocalizador había supuesto casi un trauma. Casi todos ellos tartamudeaban, y desentonaban su propia voz por encima de un carraspeo lleno de vibraciones por parte de sus altavoces. Parecía el futuro de la comunicación, pero había que reconocer que el grueso de la población aún prefería descolgar un auricular y hablar con sus pulmones. No para Derek, cuyo diafragma ya no tenía la fuerza necesaria como para impulsar el habla. Y no para el joven del estrado, quien nunca había estado conforme con que le obligasen a hablar con una viva voz a la que renunciaba.

—…porque preferimos los pensamientos, un entendimiento tácito y una comprensión inmediata directa de nuestras cabezas a las cabezas de todos los demás sin necesidad de una traducción como la que ahora se ven obligados a oír. Y…

Aquél muchacho tenía razón, por supuesto. Los idiomas pronto quedarían obsoletos. El colectivo de B4BEL había descubierto en sus estudios no solo que los idiomas requerían una transcripción interna que hacía perder el significado de las palabras dichas, sino que estas (las palabras) ya no eran necesarias. Habían perdido la importancia que tuvieron, y pronto quedarían relegadas a un pasado curioso de la humanidad en el que hacía falta algo para que dos personas supiesen lo que uno de ellos pensaba. Dos personas con los implantes adecuados podían enviarse a día de hoy señales binarias codificadas punto a punto sin que nadie pudiese nunca escucharlas, y sin que el mensaje perdiese la calidad al obligar a pasarlo por un idioma.

Derek contempló el panel que tenía delante, y resaltó en rojo aquellas personas que usaban actualmente su decodificador de lenguaje para comprender al muchacho. Más del setenta por ciento de la sala usaba un traductor para sus oídos humanos. Se recostó sobre el acolchado de su l’agnate mientras escuchaba al muchacho, pero su mente vagaba por sus propios pensamientos.

No tenía sentido obligar a la gente a aprender un idioma al nacer que lo aprisionase dentro de una idiosincrasia o tono de voz. Y eso es lo que reclamaba B4BEL, librear a la humanidad de cadenas impuestas milenios atrás por su tecnología limitada. Hacía casi un siglo que se había liberado a los pequeños de las cargas de las posturas políticas o de las religiones hasta una edad madura, donde gracias a una educación completa podían elegir, ser ellos los protagonistas de sus ideas y no que hayan sido impuestas en una edad maleable. El idioma era más antiguo que ser rojo o azul en una cámara política, o incluso el de elegir a Poseidón frente a Thor. El idioma estaba demasiado grabado en el ADN humano.

Aunque la charla era absurda, por supuesto. Una mera declaración de intenciones por parte de un colectivo de jóvenes creciente y que no pensaban usar sus propias cuerdas vocales de por vida. Ellos ya habían tomado su decisión, y dentro de cincuenta años será raro quien hable en un idioma concreto y limitado, quien encierre su cerebro en una jaula de palabras, pudiendo transmitir en el idioma en que habla realmente la especie humana. Pudiendo hablar con pensamientos.

¿Para qué vocalizar, pudiendo transmitir un sentimiento directamente al cerebro de otra persona? ¿Por qué se iban a molestar en susurrar te quiero al oído pudiendo estremecer de placer a la otra persona con una caricia subsónica?

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