Bibliotecarios

Capitulo 10 Bibliotecarios

El anciano observó el fuego arder sobre la lumbre de raíces talada aquella misma mañana. Las volutas de humo escapaban hacia la bóveda, donde un largo túnel aireaba la antigua estación de metro, proporcionando ventilación natural, oxígeno, y el frío que se colaba desde la superficie irradiada.

Uno de los pequeños lo observaba desde el otro lado de la hogera, subido sobre una estantería metálica que alguien había colocado junto al fuego. La balda inferior estaba cubierta con dos cojines y una pareja de adolescentes los ocupaban, atentos a las palabras del orador. El anciano empezó la historia de nuevo tras la interrupción del pequeño escalador.

“Me la acababan de presentar. Una chica divertida e inteligente, con conversación. No espectacularmente guapa, pero sin duda atractiva y de ojos vivos.”

El anciano hizo un guiño a su hija, madre del pequeño escalador, que sonrió desde la base de la estantería. Su padre continuó.

“Destacaban, repito, ojos inquisitivos y rápidos, y unas manos que no cejaban en movimientos inconscientes sobre los cubiertos, la copa y las servilletas. Llevaba una trenza larga de pelo negro y una pequeña rasta anillada, considerada por aquél entonces un pequeño símbolo de rebeldía. Ya ves tú, un peinado como símbolo, menuda idea disparatada.”

Varias personas rieron ante el comentario del anciano. Sus ojos se perdieron más allá del fuego, visualizando el momento ocurrido hacía cinco décadas, aún fresco en su memoria.

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Esta página web está pensada para discutir o hablar sobre el relato “Bibliotecarios” del libro «Simulados. Cuando los programas tengan derechos». Si estás interesado en escribir tu opinión, adelante. Si te han pasado este enlace, quizá te interese leer el libro.

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