Contenidos latidos inmóviles (quoque Bedesiderium lénoscula)

Sus ojos se abren, en un acto reflejo, por el movimiento de la escena estática que acontece ante sus ojos. Escena congelada en el tiempo. Al otro lado de la habitación de matrimonio que no pertenece  ninguno de los dos, ella mantiene la boca abierta en una pasiva actitud desafiante. De no ser por el nulo paso del tiempo de la escena, él habría podido escucharla gritar. Gritando en silencio, ella dispone ambas piernas desnudas ligeramente dobladas, encogida hacia él. Pero está más vestida que desnuda. Una camiseta ancha que descansa sobre el hombro izquierdo se ciñe al aire, ocultando las formas que tapa y que pertenecen, en este instante, al aire que ondula la tela en la posición fija que ocupa. Unas bragas oscuras definen invisibles, ocultas por la tela que cae sobre ellas, la pelvis y glúteos que dan lugar a unas piernas blancas que caen hasta el suelo. Parcialmente desnuda, guarda en el suelo el calcetín derecho –arrebatado segundos antes con violencia– junto a una de las patas de la cama. Parcialmente vestida, el otro aún ocupa parte de la base del pie izquierdo. Proyectados hacia delante, dos brazos finos reposan tensos sobre sus hombros, en dirección a él.

Contenidos latidos inmóviles (quoque Bedesiderium lénoscula)

 

En dirección al objeto que le ha arrojado con toda la fuerza de que ha sido capaz.

Al otro lado de la habitación, él mantiene abiertos dos ojos de sorpresa ante lo que ella lanza contra su persona, y que acabará por golpearle de modo irremediable si es que el tiempo deseaba volver a palpitar. Desprevenido, sus brazos tratan de soltarse de una cadera desnuda sin la velocidad suficiente. De pie ante el objeto que vuela, aún mantiene la pose erguida y actitud de combate. De su boca apenas sí han escapado las palabras que provocan en un inicio el vuelo del cuerpo por mitad de la habitación, y los labios aún sostienen la última sílaba. A diferencia de ella, él tan solo viste con un pequeño reloj en la muñeca derecha, y una sonrisa burlona sobre la cara, desafiando a que ella haga aquello que todavía él es incapaz de comprender que ya ha ocurrido.

El tiempo vuelve a latir, y la almohada le golpea en la cara, haciéndole trastabillar hacia atrás, cerrando sus ojos, introduciendo la última sílaba dentro de su boca, apoyándose en la pared. Pestañea, confundido, y la observa al otro lado de la habitación. Ella ríe, medio vestida, la pose de él, quien carga su cuerpo contra el muro. Cómicamente desnudo. La camiseta ancha ondea a carcajadas sobre el pecho de ella, dando forma a su figura, haciendo que él desee ocupar el espacio del aire que la acaricia por dentro, arrancarle a besos la sonrisa. Él  desdibuja una mueca punzante sobre la cara. Ella detiene las carcajadas, y finge miedo con una sonrisa mientras él se acerca, cruza sobre la cama y la atrapa en la pared que ahora ocupa ella, en el espacio donde ella desea que él la encierre. Presiona su cuerpo junto al suyo, y la levanta del suelo. Hacia arriba, usando su torso para mantenerla en el aire mientras ella le borra a besos la burla.

El calcetín izquierdo cae al suelo.

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