El Bosque del Muir

—Dicen que los cuarenta cuarentas son como los veinte veintes. Y, en cierto modo, el sentimiento que inspiran es similar.

Hizo una pausa y se dirigió al resto de comensales, antes a su espalda. La sala ovalada estaba dispuesta de tal modo que los tres novios y sus respectivas familias ocupaban una de las paredes poco curvas al final del eje menor. Él, como padre de la novia, se había sentado en una de las mesas pequeñas, justo al final del extremo norte del eje mayor. Ahora paseaba por el entarimado de roble vivo con sus botas de montaña de gala.

El bosque del Muir

Iba ataviado con sus mejores pantalones de tela gruesa y una fina camisa térmica apenas sí podía encerrar el ancho pecho y espaldas musculadas a través de un milenio escalando. Caminaba sobre la corteza resuelto, conocedor de cada una de las grietas y fisuras que crecían a sus pies. En su mano izquierda llevaba una copa de vino de arroz, y ocupaba la derecha con un fino bastón de roca amarilla prensada.

Todo en aquella sala había sido decorado para la ocasión. No todas las décadas su única hija formaba una familia, y era motivo de regocijo. La amplia estancia por la que caminaba había sido dispuesta y criada para la formación de la futura familia, y pronto –en los próximos cien años– sobre aquél enramado caminarían los pies descalzos de una decena de pequeños. La sala había crecido hasta el tamaño necesario hacía ya siete años, pero los asuntos del corazón no esperan a que los árboles preparen su cobijo.

—Charles, Guillem y Ottüa.—El padre levantó la copa, y los tres novios se pusieron en pie. Sonreían nerviosos, alegres y contagiados de la emoción del momento.—Quiero daros las gracias por haber cuidado durante tantas decenas de años de mi pequeña, que en unos días cumplirá su noveno nueve. Creo que un padre no puede estar más orgulloso de su hija de lo que yo lo estoy ahora mismo, dentro de la crisálida que ella misma lleva una vida entera haciendo florecer.—Hizo un gesto con el bastón para abarcar la sala.—Es una lástima que los invitados no hayan podido ver esta misma estancia en la primavera, cuando los degirasoles observan el punto más oscuro de la misma, y las luciérnagas hacen que estos repten unos sobre otros para buscar la falta de luz. Aun así, podéis disfrutar de unas ventanas nevadas con hojas de otoño. Quiero daros las gracias a todos por venir y por formar parte de esta unión.

Levantó su bastón, y el resto de padres y madres de los pretendientes hicieron lo propio. Con bastones como esos habían comenzado las primeras revueltas contra las ciudades casi cinco milenios atrás, y había sido con esos mismos bastones con los que el Muir había ganado los adeptos suficientes como para sembrar la concordia entre los pueblos en la era postcombustible. Cada una de esas varas representaba el equilibrio entre la naturaleza y los hombres, y el sacrificio personal que cada persona debía otorgar a su familia para verla crecer.

—Como padre, no puedo sentirme más orgulloso. Pronto mi hija quedará embarazada de alguno de sus futuros maridos, y es mi obligación y responsabilidad servir de alimento al árbol de la familia. Aunque estoy más cerca de mi treinta y nueve treinta y nueves, he de decir que no echo de menos llegar a los mil seiscientos años si otra vida puede ocupar mi lugar. En un par de años, un pequeño correteará por estas ramas, y quizá una década después ninguno de los padres de nuestros hijos esté aquí para verlos crecer. Convertidos en alimento para el Bosque del Muir.

Bajó el bastón mientras hacía lo mismo con la cabeza. Los cientos de personas del salón lo siguieron, juntando las manos como símbolo de respeto al Muir. Se decía que el gesto era mucho más antiguo que el nacimiento del Libro de la Tierra, y que sus leyes tan solo lo habían tomado prestado. La madre del mayor de los novios se levantó con la mirada puesta en el suelo en aquél acto protocolario, y citó el inicio del Libro:

«De tus raíces, que son una, nacemos. Vivimos entre tus ramas y tus frutos nos alimentan. No tememos la caída, pues el bosque nos ampara. Esperamos el momento en que tus raíces sean las nuestras.»

La sala al completo cerró la cita con un aplauso, la música arrancó con violines, y los comensales empezaron a comer.

2 pensamientos en “El Bosque del Muir

  • No solo me gustó la ilustración. La historia me remontó a esas película Indias, no se si esa fue tu intención, como siempre me gustó y por eso te leo.

    1. La ilustración me llevó un ratillo jejejeje
      La idea era plantear una humanidad integrada en la naturaleza, pero con un nivel tecnológico mucho más elevado que el que podemos imaginar. Casi invisible =)
      Gracias por escribir, Gladys =)

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