El Desierto del Amazonas

Capitulo 12 El Desierto del Amazonas

Echo un trago a la cantimplora con la esperanza de que aún contenga algo de líquido vital tras el sorbo. No lo hace. Al fin me he quedado sin agua, lo cual es perfecto. Las ganas que tengo de ponerme a gritar y llorar sobre el duro terreno están ahora totalmente justificadas. Ahora tengo la potestad de renunciar a mi integridad como capitán de crucero (y como persona) y perder la dignidad en mitad del desierto mientras aprovecho para mearme encima.

Podría hacerlo en este mismo instante pero, de un modo extraño y ajeno a mi voluntad, mi cuerpo entra en el piloto automático que le ha llevado hasta donde ahora se encuentra, y sigue andando.

Por lo que sé, el desierto podría acabar tras el siguiente horizonte. ¿Quién lo sabía? Lo que era seguro es que sin agua no llegaría ni a la mitad de distancia a través la planicie. Todo cuanto me ha rodeado a lo largo de doce días es un desierto sin límite y sin elevaciones del terreno, sin ríos, sin vegetación.

Me da la risa. Vegetación en el Amazonas…

Miré hacia ambos lados, una vez hacia mi sombra y otra en dirección al Sol. Tras doce días en este páramo, había dejado de quemarme los ojos el dirigir la mirada hacia él. Quizá tuviese las retinas abrasadas y pronto me quedase ciego, quién lo sabía.

El espacio era tan diferente… De una inagotable calidez helada y un trasiego focalizado en la más absoluta falta de movimiento. Si algo era el espacio era la absoluta nada, una nada reconfortante e infinita.

Leer más…


Esta página web está pensada para discutir o hablar sobre el relato “El Desierto del Amazonas” del libro «Simulados. Cuando los programas tengan derechos». Si estás interesado en escribir tu opinión, adelante. Si te han pasado este enlace, quizá te interese leer el libro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *