Entre dos segundos

Capitulo 7 Entre dos segundos

Programé la rueda del tiempo y presioné el botón de pausa para sumergirse en una realidad estática. No recuerdo cuánto tiempo pasó mientras yo deambulaba por una ciudad, he olvidado la cifra que coloqué en el reloj. Creo que fueron varias decenas de milenios, la verdad, hasta que todo cobró vida de nuevo y el sonido de la rutina me aturdió durante varios minutos.

Cuando todo se congeló recuerdo el temblor. El ambiente parecía haberse vuelto más denso. Sólo mis ropas obedecían a los movimientos de mi cuerpo. Todo lo demás, excepto el aire, estaba fijado al espacio en el que se había congelado. Los vehículos estaban inmóviles, las personas estaban quietas, cada uno de los objetos se había quedado completamente fijado en el punto en que se encontraba, sin posibilidad de ser movido bajo ninguna fuerza. Solo el aire podía ser desplazado, únicamente por mí.

De manera previsible, me encontraba en el exterior cuando lo activé, y no encerrado en algún cuarto oscuro. No hubiese soportado la eternidad enclaustrado.

Me encontraba en un parque en el que las hojas dejaron de mecerse, los niños de correr y el viento de soplar. Noté el ozono en la nariz y la quemazón en los pulmones. Y después todo se congeló. En menos de una fracción de segundo no fui capaz de mover el maletín de nuevo del aire en el que se había quedado encajado.

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Esta página web está pensada para discutir o hablar sobre el relato “Entre dos segundos” del libro «Simulados. Cuando los programas tengan derechos». Si estás interesado en escribir tu opinión, adelante. Si te han pasado este enlace, quizá te interese leer el libro.

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