Es imposible que anden, y se acerquen, y que hablen

Los primeros estertores insuflaron vida a sus ojos de vidrio, que observaban el nuevo mundo desde las estanterías. Los muñecos rompieron en movimientos bruscos, fruto de la agonía interna que les inculcaba la vida que nunca habían sabido manejar.

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Cayeron de los muebles donde habían estado expuestos lor primeros, y llegaron al suelo que no pudieron sentir a través de su tela y plásticos. Pronto, un ejército de espantajos vibraba y temblaba en el suelo, mientras trataba de mantener el equilibrio.

Ningún muñeco de la compañía de Freddy’s había andado antes, ni se había acercado a nadie. Ni hablado. Ahora, cientos de ellos gemían en el suelo con sus bocas de trapo y vocalizadores electrónicos, arrastrándose por el suelo. Los servos, animados por el ente desconocido que se había colado dentro de las formas, se escuchaban violentos mientras los estertores los lanzaban a un lado y otro de la sala.

Los ojos brillantes de los últimos modelos se perdían en la masa en la que predominaba la tela, y se abrían y cerraban al son del brillo que los leds de control emitían. Los parpadeos se sucedían a medida que la masa –informe al principio– avanzaba hacia el pasillo.

La puerta estaba abierta, por lo que los animatrónicos no tuvieron más que empujarla para acceder al resto del edificio donde esperaban los gritos. Se abrieron paso por los pasillos, cayeron en avalancha por las escaleras y, para cuando llegaron a la planta baja, formaban un organizado ejército de cuerpos de tela, plástico y luces.

Irrumpieron en la fiesta donde la música siguió sonando tras las primeras muertes. Aquí y allá, las personas trataban de salir corriendo de la macabra escena, solo para ver cómo una decena de muñecos les cerraba el paso. Se abalanzaban sobre ellos y empezaban a descuartizarlos vivos.

La sangre pronto se convirtió en el color predominante en el medio millar de animatrónicos que avanzaban por la sala portando vísceras, huesos arrancados y entrañas a modo de adorno. Para cuando terminaron con la presentación en la que se celebraba su próxima entrada mañana en las jugueterías, la música se había detenido. Y ninguno de sus creadores respiraba.

Los muñecos contemplaron la escena que habían creado y, en silencio, abrieron las puertas del edificio y empezaron a ocupar las calles. El sol no había terminado de ponerse cuando media ciudad se encontraba en llamas. La media que ellos dejaban atrás. La otra mitad se encontraba justo frente a ellos. En el horizonte, con el sol a ras del suelo otorgando más relevancia y anuncio, tres columnas de humo podían verse en otras ciudades lejanas. Y todavía quedaba toda la noche por delante.


Tributo al homenaje que iTownGamePlay rindió a la canción de Álvaro HM (titulada «FIVE NIGHTS AT FREDDY’S 3 SONG») con las imágenes del videojuego Five Nights at Freddy’s. La letra de la canción se inspiró, a su vez, en la tercera noche dentro de este videojuego.