Estáis todos muertos

Estáis todos muertos

No lo entendéis, y es comprensible porque es complejo. Las ecuaciones tras el proceso, cómo inciden los haces de luz en los cuerpos, y el proceso de descomposición. La dinámica de las partículas, la forma de la onda resultante de vuestra conciencia y cuerpo, el viaje cercano a la velocidad de la luz, la suma ponderada al otro lado. La reconstrucción de algo que ya ha dejado de ser vosotros mismos.

Si supieseis lo que es realmente el FAX, ninguno de vosotros lo usaría nunca. Ninguno de vosotros volvería a acercarse a un puerto para ahorrar tiempo y viajar rápido. En su lugar, habitaríais recluidos al espacio que vuestro cuerpo físico es capaz de vivir. No es necesario viajar de un lado a otro de la Tierra a velocidades irreales. Entrar aquí, y salir allá.

Cuando accedéis al sistema FAX, vuestros cuerpos se descomponen y catalogan. Se computan. Y vuestra función de conciencia se cuantifica. Pero, para ello, el cuerpo y la mente han de ser destruidos. Reducidos a las porciones básicas del universo: la información que contenemos.

La información que nos hace ser nosotros mismos, y no otros. Y esa información no debe ser alterada, o dejaremos de existir. Eso es lo que ocurre cuando faxeamos. La destrucción total y absoluta de lo que somos, no un traslado de materia. El FAX no es un viaje, es un copiado. El enrutamiento de la información que encerramos hacia otro lugar separado de nosotros mismos, y hacia la muerte.

Que no os confunda la imagen especular al otro lado, en el módulo de recepción. Si faxeáis, morís. Si surgís al otro lado, no sois vosotros. El original muere, la copia vive durante un tiempo, hasta el siguiente viaje.

¿Habéis faxeado alguna vez? Entonces, debéis saber que sois copias del asesino de la persona que nunca llegaréis a ser. Porque vosotros no sois vosotros.

Siento si a alguien le molesta, siento si alguien se siente insultado. Siento que vuestros miedos irracionales quieran agachar la cabeza ante la verdad. Pero debéis ser conscientes de qué es lo que ocurre cuando entráis en un FAX. De lo que os hacéis a vosotros mismos.

Tras el sellado de la compuerta, vuestro cuerpo es incinerado en base a colisiones de cientos de millones de fotones paralelos. Morís calcinados en cinco millonésimas de segundo por una lluvia fotónica de alta intensidad que os cataloga en un conjunto de paquetes de información, entre los que se encuentra vuestra consciencia antes de la disrupción nanocítica. Luego, la información viaja hacia el puerto de destino, una vez que habéis muerto en el de envío.

No se viaja en FAX, se muere en él. Y viaja la información sobre nosotros, no nosotros. Lo que aparece al otro lado es algo que se parece mucho, es casi idéntico a lo que fuimos, pero que no es nosotros. Ya no.

Existe un algoritmo ADNeico, existe una compilación y compresión de la información. El descarte de datos irrelevante y una redundancia casi nula. Existen fallos de copiado. Virtualmente infinitesimales, estos ocurren en un átomo de cada cien mil, que cambia su posición o valor. Cada vez que aparecéis al otro lado, la copia se desvirtúa en una medida pequeña. Una diezmilésima parece poco, pero perpetuar el error y acumularlo desvirtúa lo que una vez fuimos.

Hoy día, el FAX ha cambiado más la cultura de la humanidad que grandes inventos como la escritura, Internet o el pnemeico. Cada vez  que la copia aparece al otro lado, un error ínfimo de una diezmilésima porcentual os separa del humano que entró en el sistema FAX. Mil viajes después, la estimación anual de viajes para una persona normal, sois un uno por ciento de algo que nunca habríais sido de no viajar. Algo que no habéis elegido vosotros, y que tiene su origen en la desvirtuación del fallo de copiado.

Que nadie se lleve a engaño, nadie de esta sala es la persona que existió antes de que el faxeo se volviese operativo. Pero, yo os pregunto, ¿Queréis seguir cambiando el mundo hacia algo que no es la humanidad? ¿Queréis seguir muriendo cada día un par de veces?

Porque, para el que aún no lo tenga en mente: todos estáis muertos ya.