Hacia el norte

Avanzaba con calma por el ancho túnel con la esperanza de que ningún sonido llegase a sus oídos antes de llegar a su destino. El pozo de sombras donde estaba discurría recto hasta un horizonte imposible de ver, sepultado en la oscuridad.

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Doscientos metros más, pensó mientras iluminaba débilmente con un círculo de unos pocos metros por delante de ella. Y luego la línea norte hasta la estación.

Paseaba en silencio por una de las canalizaciones secundarias de la red de metro de la antigua ciudad de Madrid, pisando con cuidado cada palmo de túnel para evitar producir los ecos de los que ella misma huiría. Más allá de radio de la luz se levantaba un muro de oscuridad absoluta que el candil no era capaz de atravesar.

Llegó a la desembocadura del túnel de servicio, y vio los antiguos raíles iluminados con su brillo metálico amarillento ante su luz. Esperó unos segundos, escuchando, antes de descender por la escala hasta las vías. El silencio era estridente, y las formas bailaban invisibles al otro lado de su círculo de luz, siempre retrocediendo con cada uno de sus pasos.

—El problema es el miedo—interrumpió en su cabeza la voz de su tío—. Si tienes miedo al miedo, ya estás perdido. Empezarás a ver las sombras más allá del cono de la linterna, y entrarás en pánico. Será entonces cuando esas formas tras la oscuridad que tú misma has convocado se harán reales.

Gracias, tío, pensó mientras avanzaba hacia el norte por la línea azul. Toda esta línea había sido abandonada hacía casi veinte años, cuando ella era pequeña. Demasiado peligrosa como patrullarla. En su lugar se usaron caminos alternativos. Pero ella la había recorrido entera un centenar de veces, y nunca había visto nada más peligroso que el miedo al miedo al que se refería su tío adoptivo.

Cuando aún era una niña, y podía venderle la baza del miedo. Ahora sabía lo que había ahí abajo. Los había visto aquí y allá en diversas estaciones y raíles. Más bajos que un humano, de movimientos violentos y voces similares a las que tenían las ratas. Lentos, pero seguros. Hacía tiempo que no se había cruzado con ninguno de ellos. Por algún motivo, evitaban el contacto con la humanidad que habían dejado atrás. Y a la humanidad le agradaba no encontrárselos como al principio, en cada esquina del subsuelo. Parecía que ambas especies se habían hartado la una de la otra. Y quizá ellos sí que podían, como decían las leyendas urbanas, salir al aire contaminado de arriba.

Continuó avanzando durante veinte minutos hasta que un escalofrío la recorrió la espalda. Con movimientos calculados apagó la luz y se escondió en una de las hendiduras de la pared mucho antes de escuchar el primero de los aullidos.

Debía estar a más de un kilómetro, pero incluso a esa distancia el oído trabaja prediciendo el sonido y avisando para que se escondan. Ella lo hizo, y permaneció agazapada en mitad de la oscuridad. Ahora se había fundido con ella, y era completamente irreconocible. Ni siquiera funcionaban ya los circuitos de emergencia. Todo lo que quedaba era el oído.

Uno, dos, y hasta tres aullidos más. Acercándose. Quinientos metros, quizá. Debía estar cerca. Trató de respirar lo más despacio que pudo, incapaz de evitar cierta vibración en la salida del aire. No podía negar lo nerviosa que estaba. Solo en otras dos ocasiones había estado en presencia de los aullidos, y en ambas había muerto gente. Ahora estaba sola. Si moría, no habría testigos. Sería solo una vida más desaparecida en los túneles.

El sonido de gruñidos se hace más fuerte, y avanza hacia ella. El aire empieza a moverse antes  de que el olor la alcance, y luego hace que arrugue la nariz. Sonidos de saliva se unen a los alaridos y aullidos de la manada de bestias que recorren el túnel. Pasan por su posición en un segundo, y luego la situación se invierte. Los ruidos se alejan, el olor desaparece poco a poco. El corazón vuelve a latir con normalidad.

Deja pasar el tiempo. Una hora, dos. A la tercera, vuelve a encender la luz y se levanta. El túnel está calmado. Toma la dirección de los animales, hacia el norte.


Continuación.

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