Hijo mío, la culpa fue de la sociedad

Me pregunto si nos enfrentaremos a la verdad y confesaremos o, si por el contrario, trataremos de jugar la baza de la sociedad. «Fue la sociedad la que destruyó los polos, aumentó tres grados la temperatura del planeta, y empezó a matar a miles de especies». Me pregunto si tendremos el valor de mirar a los ojos a nuestros descendientes y admitir lo que hicimos.

Hijo mío, la culpa fue de la sociedad

Mi mundo ha cambiado en unas pocas horas. Me resulta increíble darme cuenta de cómo los valores se han alterado. Hasta ayer, mi mujer era lo más importante del planeta, y su cuidado mi única meta importante. Ahora que mi hijo acaba de nacer, son dos personas las que he de proteger contra a todo. Incluso contra mí mismo.

El pequeño tiene cinco horas, todos los dedos, y un sarpullido en la espalda. El médico dice que no pasa nada, que es normal.

—Es por las condiciones en las que vivimos, ¿sabe? Últimamente nacen todos así, pero no se preocupe. Casi siempre desaparece al cabo de unas semanas, ya lo verá.

Sostengo al pequeño, de algo menos de tres kilos, mientras me mezo a mí mismo hacia un lado y otro, absorto en el trágico hilo de pensamiento del que no encuentro salida honrada. Me pregunto si mi padre sentirá remordimientos de haber contaminado al planeta hasta el grado actual. O por el sarpullido en la espalda del pequeño, cuya causa directa es la contaminación atmosférica y los productos con los que nos envenenamos poco a poco a nosotros mismos y al medio ambiente. O si eludirá toda responsabilidad. Puedo imaginarme la conversación completa en que se defiende, cuyo final siempre será:

—¿Qué podía haber hecho yo? ¿Qué querías que hiciese?—preguntaría irritado ante las acusaciones. Luego, montaría en su coche privado e iría a su casa de retiro en primera línea de playa, allí donde se les pidió que no construyesen tantos años atrás.

¿Qué le diré a mi hijo cuando necesite una mascarilla para pasear por las calles en las que me crie? ¿Que ha sido la sociedad, que no pudimos hacer nada? «Verás, hijo, tu madre y yo siempre reciclábamos el papel y los envases, de verdad».

Me pregunto si tendremos el valor de responder a las preguntas que le surgirán, esas mismas que yo no me atrevo a hacerle a mi padre. ¿Cómo no pudo vuestra generación darse cuenta? ¿Por qué no hicisteis nada? ¿Por qué no parasteis cuando aún había tiempo? ¿Por qué os engañabais a vosotros mismos?

Dejo al pequeño en la cuna, y reprimo unas lágrimas mientras el médico sigue hablando de las cremas necesarias. No puedo sacarme la imagen de la cabeza del futuro gesto de incomprensión de mi pequeño cuando su madre y yo nos sentemos a hablarle sobre el tema, y confesemos que destruimos el único mundo donde él podría sobrevivir sano antes de que tuviese tiempo de defenderlo por sí mismo. También imagino a ocho o nueve millones de personas confesando ante su descendencia que la culpa no era suya, que era de la sociedad. Y me pregunto cuál de las dos historias contaré a mi pequeño. Quizá le diga que si hubiese sido por mí…

Me quedo inmóvil en mitad de la habitación del hospital, en el presente en que aún es un niño pequeño y hay tiempo. Si hubiese sido por mí, ¿qué?