La muerte es fácil

La muerte es fácil

¿La muerte, decís? La muerte es fácil, muchachos. Es lo más sencillo y asequible de conseguir en estos días. Podéis conseguir una muerte a un coste realmente competitivo, e incluso ingeniártelas para recibirla de modo gratuito. Basta con cerrar los ojos, e iros. Lo difícil, lo realmente complicado, es mantenerse vivo.

El EMhover flotaba a nivel de las nubes, cortándolas y empapando a sus ocupantes, viajando a cincuenta kilómetros por hora para evitar el radar orbital. Cada pocos minutos, entraba dentro de la aparentemente esponjosa superficie, solo para llenar de niebla la cubierta y hacer que todos tiritasen de frío sin la luz del sol. Al poco, la nube dejaba de existir de un segundo a otro, y la radiación los abrasaba la piel en lo alto de una troposfera falta de oxígeno y provista de un aire helado.

A consecuencia de las impresiones encontradas, todos trataban de cubrirse al máximo con mantas caladas de agua pura, y se ajustaban cada poco las máscaras de O2 con dedos insensibilizados por el aire congelado. Cada movimiento implicaba dolor. Cada estiramiento en busca de la sensibilidad era una tortura para los músculos, que no dejaban de temblar para intentar calentar la sangre.

Quedarse vivo, en este mundo, y haciendo lo que vosotros hacéis, es muchísimo más difícil que morir. ¿Queréis morir? Poneos de pie, asomaos a la barandilla del hover y saltad. Contemplad las mejores vistas que tendréis en la vida y abandonaos a la muerte en la caída. Pero no creo que queráis morir. No hoy. Si estáis aquí es porque queréis algo más que solo arrastraros por el suelo.

El hombre con el traje de amplificación entonaba con la modulación precisa cada palabra que decía al grupo, aun a pesar de que unos metros más allá de la mitad del vehículo EM estas palabras eran silenciadas por el sonido del viento en los oídos de los tripulantes. A través de la máscara podía observarse que era mayor. Un anciano. Y era el único que no temblaba de frío, y a quien mover los brazos no parecía suponer un problema.

Sin aquél hombre hablando, alguno hubiese perdido ya la esperanza y se hubiese abandonado al frío. Hubiese cerrado los ojos y se habría quedado dormido entre dos personas que sujetasen su cadáver en pie con tal de no moverse.

El EMhover era poco más que una plancha de levitación electromagnética con barandillas, tripulada por una pequeña cabina no calefactada y con espacio para cincuenta personas máximo. Aquél día eran ochenta y dos, y el hover sufría a cada metro que recorría por la atmósfera con temblores que hacían pensar a todos que ese sería el último.

Cada vez que el vehículo atravesaba una bolsa de alta o baja presión, bajaba medio metro de golpe en el aire. Y nadie estaba seguro de que no seguiría bajando hasta tocar el suelo. Ni siquiera el piloto. Pero nadie gritaba con el frío atenazando sus gargantas. Solo la voz del anciano se interrumpía durante unos segundos. Luego, continuaba el discurso que mantenía vivos a los inmigrantes marcianos en Titán.

¿Es eso lo que queréis, que se desplome este pájaro? ¿Es eso lo que queréis, que vuestros hijos no lleguen a ser titanianos? ¿Creéis que este viaje es el difícil, que una vez en tierra todo será mejor? ¡Já! Esto es un paseo comparado con lo que os espera en las minas. ¿Queréis calor? Vais a tener para dar y tomar.

2 pensamientos en “La muerte es fácil

    1. Muchas gracias por tu comentario, Josep. Se agradece eternamente la lectura y las líneas que agregáis los lectores. Especialmente cuando se ha captado esa metáfora ^^

      Pásate cuando quieras. =)

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