La muerte nos ha dejado

No importa lo que intentes, porque no hay salida. Tanto da que saltes de un risco y te abras la cabeza contra el suelo como que incendies un granero contigo dentro y oigas cómo arde tu cuerpo antes de morir. Lo sé porque lo he probado. Una vez del otro lado, regresas.

Bienvenido al nuevo mundo. Otra vez.

Un estremecimiento recorre mi cuerpo cuando recuerdo cómo crujían mis huesos al llegar al suelo desde el zepelín del que me he caído. El Megara había encontrado una bolsa de aire frío y yo me había escurrido del globo. Recuerdo el miedo de la caía al pensar que lo haría durante cientos de kilómetros. Y recuerdo el dolor, recorriendo cada nervio en el impacto.

la muerte nos ha dejado las islas del después

Resulta complicado de entender cómo la mente es capaz de almacenar tanta información en la fracción anterior a la muerte. Y reenviarla en oleadas de espasmos por todo el cuerpo tiempo después.

El cuerpo no lo entiende, claro, pienso. Ya es difícil para la mente concebir la reencarnación budista como para entender… esta otra existencia.

El estómago y los músculos de las piernas me tiemblan, y no solo por mi muerte. Tiemblan porque han despertado en lo profundo de una poza de agua helada de la que aún me quedan gotas en mi cuerpo desnudo. Es uno de los inconvenientes de la falta de Sol de este infierno: que todo tarda demasiado en secarse.

Trato de caminar de un lado a otro, pero tengo que parar cada pocos pasos por el nerviosismo que me recorre por dentro. Tiemblo por completo, lo que sería cómico si no resultase lamentable. Hace veinte minutos que morí contra el suelo de este peñasco desierto de césped, pero aún no me he adaptado al nuevo cuerpo.

Ni te has vestido, dice esa voz en mi mente.

Es curioso que mi nuevo cuerpo, idéntico al anterior, sí recuerde la muerte del viejo. Y el dolor de pecho de instantes después, cuando el peso del agua me obligaba a patalear hacia la superficie en una frenética búsqueda por oxígeno. Llegar arriba, a la superficie, respirar el aire puro de fuera; y darte de bruces con una de las islas flotantes de este maldito lugar.

Una de las infinitas que deben existir flotando a la deriva en un mar de aire sin fin.

Del choque hace menos de veinte minutos, y mi nuevo cuerpo aún está en shock mientras contempla el precipicio. Aunque siempre existe el impulso de saltar, me mantengo a diez buenos pasos del extremo de la isla mientras espero ser rescatado. Esta isla es pequeña, ni siquiera la habíamos visto desde el pequeño telescopio de casa. Cuenta con solo ochenta metros de largo por menos de cincuenta de ancho, y está cubierta de hierba.

Y cubierta de tu anterior cadáver, charco de sangre y vísceras incluidas en el pastel, pienso.

Realizo unos ejercicios de respiración mientras contemplo el paisaje. Trato de relajarme sin éxito.

Esta isla flota más de dos kilómetros hacia abajo de la ruta del zepelín, y mi cabeza solo puede pensar en que quizá no vuelvan. O que no hayan notado mi caída. Si tardan demasiado en saber de mi desaparición, probablemente tarde décadas en volver.

Miro hacia arriba y no consigo distinguir nada en el cielo. Ni una mota a la deriva. Nuestra isla, allá arriba, solo es distinguible como un punto negro rodeado de algunos otros puntos más grandes pero dispersos.

Este es un sector alejado de todo. Y alejados estamos bien.

Siete horas más tarde, la bocina hace que casi me dé un infarto. Me giro para ver cómo el Megara asciende a toda velocidad sobre la pequeña roca sobre la que me encuentro. La proa rozando el límite de la isla. Han debido descender unos kilómetros al norte y habrán realizado una segunda vuelta. Sobre el mascarón está él, buscándome con la mirada.

La muerte puede haberme abandonado, pero él no.


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Los hijos de Tántalo quieren morir

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2 pensamientos en “La muerte nos ha dejado

    1. Muchísimas gracias, Esther. La verdad es que es un universo que cree hace tiempo en mi cabeza con una serie de reglas básicas que crearon otras más complejas. Como sociedades, la relación entre personas o la filosofía. En un paraíso-infierno eterno lleno de todas las personas de la humanidad dispersas en islas flotantes de las que no pueden morir… ¿qué pasará? =)

      Creo que sí, dará mucho más que los dos relatos que van. Muchas gracias por haberle dado difusión.

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