La otra verdad

Los humanos tienen métodos extraños y arriesgados para mirar alrededor, suspiró en el silencio de la noche, percibiendo la acidez y quemazón de la lágrima que trataba de escapar de sus pequeños pómulos. Bajaba despacio por la cara, rozando su barbilla, arrastrándose hasta el cuello. La lágrima desapareció, desgastada, en su piel, mucho antes de llegar a caer al suelo o a la silla donde ella se había subido para poder mirarse al espejo mientras lo hacía.

Sin embargo, el suelo estaba igualmente mojado, empapado del líquido que la recorría por dentro mientras ella lo contemplaba en silencio fluir y se miraba al espejo, ausente. Los golpes seguían escuchándose en la puerta. Embestidas contra el marco que hacían temblar todo el baño. Con cada arremetida, el espejo temblaba un poco más, haciendo vibrar su cara pálida.

La puerta estalló a la décima carga, cayendo contra la pared opuesta, y un marco de astillas se desprendieron sobre la pequeña. Su padre la cogió con cuidado y taponó la herida en el brazo izquierdo mientras decía algo. No manaba demasiada sangre, pero esta empapaba el suelo y había marcado el espejo y el lavabo. Sobre este, un cuchillo de cocina afilado descansaba goteando.

la otra verdad

Voces sordas en sus oídos. Alguien la sujeta la cabeza y la envuelve en una sábana. Ahora ve las estrellas durante unos instantes antes de entrar en un coche. Alguien llora a lo lejos, en el asiento del copiloto. Movimiento y ruido de velocidad. Luego, la inconsciencia.

 

Despierta en el hospital. Lo reconoce por las series de televisión, aunque su habitación está casi en la obscuridad absoluta. Distingue las vagas formas de la silla del acompañante, el borde de su cama, y la vertical del gotero. Este descuelga un tubo que va a parar a su brazo izquierdo y se hunde bajo la tirita más grande que haya visto en su vida.

Allí donde se ha cortado, una venda blanca empapada de sangre cubre la herida. Se lleva la mano a la gasa y presiona ligeramente. El dolor acude como un calambre que recorre todo su brazo. En lugar de gritar, sonríe con una mueca.

Oye por primera vez las voces de sus padres fuera, y se hace la dormida cuando ella abre la puerta, entra al cuarto y se queda unos segundos en silencio. Se acerca a la pequeña, le roza la mano derecha, se aleja, coge algo y sale de la sala. Deja la puerta entreabierta, y habla con alguien.

La pequeña abre los ojos y mira al techo. Resuelta, retira la sábana y la manta que la cubren, y pone los pies descalzos en el suelo. Lleva una bata que no recuerda haber visto en su armario y sus braguitas de animales. Camina, arrastrando el gotero, hasta la puerta a medio cerrar, y escucha las voces.

Reconoce también la de su padre, y la de una mujer que no la suena de nada. Se asoma y les ve a los tres hablando.

—…y, ¿dice que cree que J-57 ha tratado de comprobar algo con este acto? —pregunta la desconocida, observando a su padre. La pequeña nunca había visto a nadie tan serio como esa señora. Alta e inmóvil, parecía no pestañear en ningún momento. Tenía la mirada fija en su padre, y desplazaba ojos veloces sobre su madre cada pocos segundos.

—Es posible. La verdad es que lo único que se me ocurre es que haya visto algo. —El padre hablaba sin estímulos en la voz, apagado—. Quizá nos ha visto sin máscara, y ha querido comprobar que ella no es así. No sabría decirle otro motivo, salvo ese.

—J-57 es feliz con nosotros, de eso estamos seguros. —Interrumpió la madre con una muestra de pasividad similar a la que tenían los otros dos.

—Exacto. Es feliz con nosotros —secundó el padre.

—No se preocupen, Equipo Delta, esto no es un juicio ni una inspección de custodia del sujeto. Estoy aquí para que J-57 vuelva lo más rápido a la normalidad, si es que es posible. Y eso significa a casa con ustedes dos. —Hizo una pausa y levantó una carpeta para buscar algo—. No dudamos de su felicidad. Todos los parámetros químicos y eléctricos que registramos de J-57 son completamente estándares. No obstante, algo la ha ocurrido, y necesitamos saber de qué se trata por el bien del experimento. Recuerden que no se trata de un solo espécimen. Y ya sabéis ambos lo complicado que es hacerse con ellos.

Ambos padres asintieron. La mujer mantuvo silencio durante unos segundos mientras sacaba un bolígrafo.

—Díganme, por favor, ¿se retiran la carcasa en la vivienda? —preguntó.

—Sí, ambos, durante nuestras actualizaciones —contestó la madre mientras el padre asentía.

—¿Las realizan por turnos o ambos a la vez? Quiero decir, ¿alguno estaba vigilando que la pequeña no se acercase?

—No. —Habló el padre—. Las realizamos a la vez, durante su ciclo de sueño. Cuando duerme. Tenemos cuidado y mantenemos la puerta cerrada.

—De acuerdo. Por favor, de cara a próximas actualizaciones, realícenlas por turnos, mientras uno de los dos se encuentra con J-57. Es imprescindible que esté vigilada en ese espacio de tiempo.

Ambos padres volvieron a asentir.

—Equipo Delta, ¿creen que la niña duda de su realidad? ¿Ha empezado a cuestionar su entorno? —preguntó. Se hizo un silencio—. No se preocupen, es un hecho inamovible. Al final, los sujetos se dan cuenta de que algo no va bien con sus vidas. Hacen preguntas, investigan. Aunque eso suele ocurrir en la adolescencia. De manera eventual, acaban por descubrir la verdad. Necesitamos saber si J-57 está comprometida, ya que no sería aceptable que contaminase a otros sujetos del experimento. Tendríamos que aislarla durante un tiempo, o incluso retirarla.

—Es posible —dijo la madre—, que haya empezado a dudar. Como hemos dicho, no se nos ocurre otro motivo por el cual haya podido hacer eso. No es tristeza, ni una llamada de atención. Está claro que estaba experimentando, buscando algo. Quizá, la verdad.

—Entonces, J-57 está buscando exactamente lo mismo que nosotros. —Sus ojos veloces pasaron durante una fracción de segundo sobre la puerta entre abierta. A punto parecieron dispuestos a seguir adelante, hacia los ojos de la madre, pero quedaron inmovilizados en el rostro de la pequeña, quien se había asomado demasiado. Pasaron varios segundos, y entonces su padre y su madre miraron en la misma dirección. Sus miradas no eran las de sus padres. Rostros vacíos la observaban desde el pasillo. La pequeña empezó a temblar—. Pero los humanos tienen métodos extraños y arriesgados para mirar alrededor. ¿Verdad, pequeña?

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