No querer morir no te hace especial

Las voces irrumpieron un martes cualquiera, sesgaron sus decisiones en dos, y la arrastraron a una muerte dolorosa y anunciada. Su madre, la persona que más la había amado en todo el mundo, siempre había insistido en su singularidad, y ella había crecido con la carencia de ser igual a todos los demás.

Cartel «No querer morir no te hace especial»

A través de las voces, se hacía realidad una voluntad oscura, que condensaba en el plano de lo real a través de sus acciones dirigidas por los susurros. Así fue como dejó de acudir a recibir la ayuda que necesitaba. Las voces fueron mucho más fuertes, y hundieron su conciencia bajo el velo de las palabras.

«Tú siempre has sido especial» escuchaba casi al final, mientras el suelo se empapaba de sus deseos cristalizados en una espesa mancha roja. La puerta saltó de sus goznes, y él entró en el cuarto de baño. Ella perdió el conocimiento mucho antes de entrar en la ambulancia, sin percibir la presión sobre ambos brazos. Sobre ambos cortes.

***

La primera vez que ambos se vieron, ella llevaba un vestido amarillo y once pulseras en ambos brazos. Era, o eso decían las voces, demasiado especial como para ir vestida como todos los demás. Debido a eso, dos tatuajes asomaban por el hombro y la espalda, mostrando los animales favoritos de su familia.

Sobre su hombro derecho, y hasta la muñeca, los búhos ululaban en silencio y contemplaban el sol del verano. A su espalda, dos perros de razas irreconocibles ladraban sin voz a todo aquél que se aproximase por detrás.

Él lo hizo, rozándola casi con miedo el hombro descubierto de aves, y presentándose con la timidez que lo caracterizaba a la persona a la que aún no había besado.

***

—Tú eres especial—dijo su madre unos segundos antes de que la primera voz irrumpiese en su cabeza. No era la primera vez que mencionaba que ella era única, pero sería la última—. No puedes actuar como todo el mundo.

La madre se encontraba detrás de ella, observando el reflejo deformado en el espejo repleto de focos. Ambas se encontraban atrapadas en el retrato que ofrecía el espejo. La mayor, su madre, atrapada en el inevitable paso del tiempo. La más joven, la hija, en el sueño irrealizable de la mayor.

***

«…eres demasiado especial…» escuchó por encima de las voces de su cabeza «…no puedes morir»

Abrió los ojos y se encontró los de él. Lloraban rojos en emociones descubiertas por su ausencia y actos. Él había llorado una lágrima por cada una de las gotas que escaparon de sus finos brazos. El verla consciente no hizo sino inundar más aún sus ojos, y un aluvión de besos llovió sobre el rostro de ella, que esbozó una sonrisa. Trató de mover los brazos, pero ambos se encontraban cosidos mediante vendajes a la cama de hospital.

—¿De verdad crees que soy especial?—preguntó ella, pensando en el siguiente tatuaje.

—Desde luego que sí—sonrió él.

***

—No puedes actuar como todo el mundo—dijo su madre frente al espejo unos años antes, mientras sombreaba de nuevo el reflejo de su hija, bajo los ojos—. No eres como las demás. ¿Ves? Tú vas a ganar. Eres la más guapa de todas. Tú eres especial.

Levantó ligeramente la barbilla de su hija, quien se observó al espejo carente de emociones. El maquillaje la escondía casi al completo, y apenas podía reconocerse al otro lado del cuadro.

—¿De verdad crees que soy especial?—preguntó ella.

—Desde luego que sí—sonrió la madre desde el reflejo.

La hija fue más rápida, y agarró con fuerza el cabello largo y rizado de su madre para tirar de él por encima de su hombro, hacia su pecho. La cabeza de su madre descansó entonces sobre el hombro derecho, y el abrecartas se hundió con suavidad en el cuello.

La sangre manaba a borbotones mientras unas desesperadas manos trataban de separarse de su hija. El rojo comenzó a bajar por el hombro derecho, empapando todo el brazo, mientras los ojos carentes de sabiduría ululaban en silencio al reflejo.

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