No somos una civilización

—Buenos días, gobernadora.—El guardia de seguridad me saluda a la entrada mientras me abre las puertas. Yo hago lo propio y entro a la sala de gobierno con la mueca que lleva acompañándome desde hace años, y que anticipa el recelo que siento ante todos estos gilipollas llamados compañeros. Me siento en mi butaca y espero a que la sesión empiece mientras consulto la pantalla polarizada.

No somos una civilización

Varios parámetros en la emisión de la luz por parte del monitor, unidas a la codificación de mis lentes, hace imposible que nadie salvo yo sea capaz de leer el informe que tengo delante.

«Civilización» pienso «Ya, claro»

El documento que tengo ante mis ojos es un borrador de la llamada «Constitución de la Civilización Terrana», y está basado en principios imposibles de defender e ignorados por los mismos miembros de la cámara. Estos van entrando poco a poco y ocupando sus butacas. Aquí y allá, proyecciones tridimensionales de los miembros desplazados aparecen sobre sus asientos con tecnología que hace doscientos años se hubiesen considerado poco menos que mágicos.

Lo cierto es que no se puede redactar una constitución que englobe a nuestra civilización porque la verdad es que no somos una civilización. Apenas sí podemos asegurar de nosotros mismos que somos unos cuantos países unidos porque incluso dentro de los mismos somos incapaces de valorar al que tenemos al lado como una persona tan importante o más que nosotros. Sin mencionar las colonias externas que pronto nos declararán la guerra, y que acuden a este paripé como «miembros destacados del gobierno». Sin voto, por supuesto.

Qué puñetas, no somos ni ciudades unidas en un conglomerado solar. Tan solo cincuenta mil millones de uninaciones individuales, todas y cada una con la esperanza de pisotear al resto para llegar más alto. El primer artículo de la nueva constitución debería poner de manifiesto el deseo de todas las personas por triunfar por encima de los deseos del resto. Eso sí que sería válido como valor universal humano.

Pero, ¿decir que estos gobiernos egoístas podrían formar una civilización? Menuda arrogancia, estupidez, o campaña de psicomarketing moderno. Y no sé cuál de los tres es peor.

Han pasado veinte minutos y la mitad de la cámara sigue vacía. No se llenará en ningún momento durante la presentación de este borrador. Y dudo que un cuarto de las personas que están aquí hayan leído sobre qué trata esta cita, concertada en el calendario político hace casi un año estándar.

Somos una especie de parásitos egoístas, y nos merecemos todo lo que nos pueda pasar.