Nuestro papel aquí

No es sino un teatro repleto de intérpretes y falsas expresiones. Sonríen con sus máscaras mientras por detrás tejen los objetivos personales de su guion. Porque, admitámoslo, estamos solos con nuestras líneas, y todos los actores que nos rodean luchan por las suyas.

nuestro papel aquí

Y lo lamentable es que, en ocasiones, ni siquiera tendríamos que competir para conseguir todos la que buscamos. Sin embargo, en nuestro argumento se dispone de cómo tenemos que torpedear de manera sistemática las frases del otro, y los seguimos a la fuerza del imperativo natural que corre por nuestras venas. El ADN es nuestra hoja de ruta, y acompañamos la voluntad a esta cadena proteica de una forma absurda e ignorante.

Salgo a la calle, al lugar común donde los otros actores interactúan dándose codazos y tratando de adelantarse para llegar antes a ninguna parte, y camino a una buena velocidad. No tengo prisa, pero mi cerebro me premiará si llego fatigado y unos minutos por delante del reloj. Esquivo actores demasiado lentos para mi tempo durante media hora, y llego finalmente a mi destino. Pronto.

Esto me obliga a pasear de aquí para allá en la estrecha salita de espera, interrumpiendo el guion de los secretarios como si fuese un apuntador colérico.  Me invitan a sentarme tres o cuatro veces hasta que se dan por vencidos, y me llaman cuando por fin me hacen pasar.

El joven del despacho me tiende la mano, y casi puedo apreciar las frases de más que yo nunca escribí para él, fruto de la tormenta de correcciones en la que consistió mi relación con su madre.

—Hola, papá, me alegro de verte.—Sonríe mucho más de lo apuntado por mi en un inicio, y me hace pasar.

—Sí.—Termino por responder yo a modo de saludo, tomando asiento.

Tras media hora de diálogo sin relación con ningún argumento específico, y sintiendo complacido mi ADN, encuentro necesario levantarme y salir de escena. El tormento del público siempre ha sido mi punto débil, más acostumbrado a ensayos en solitario y con todo el escenario para mi persona. Una demasiado cálida despedida después, me encuentro de nuevo en las calles de la ciudad, y respiro aliviado antes de darme cuenta de todos los figurantes que atosigan mi espacio.

Paseo ahora a casa, sin menos prisa de la que traje al llegar, esperando no encontrarme con ningún fan de mi vida pasada, y sintiendo la página en la que mi estómago ruge de hambre unos cuantos párrafos por delante de mi. Llego a casa y cierro el telón que es la puerta con la insistencia de quien no la quiere abierta.

No es sino un teatro repleto de intérpretes y falsas expresiones, y es por eso que prefiero la soledad del monólogo.

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