Onírico

Gira, salta y trata de rodar. Intenta por todos los medios huir de lo que lo atrapa, de salir del vacío incoloro que ocupa y que le rodea por completo, abrigándole.

¿Dónde está mi cuerpo?, piensa en silencio dentro de su inexistente cuerpo sin forma alguna.

Gira sobre sí mismo en un espacio nulo para observar lo que no le rodea. Se revuelve en un lugar sin moverse, y trata de abrir unos ojos que no localiza hacia la nada de su alrededor.

Imposible.

No es capaz de tocar su persona. No puede ver. No puede moverse. Su única vía de escape parece ser el hecho de ser consciente. El saber que, de algún modo, está vivo en alguna parte.

¿Drogas? El pensamiento fluye desde donde está sin manifestarse como sonido, resonando en todo él. No, no son drogas, esto es diferente, se susurra.

A su alrededor, oscuridad y claridad absolutas a partes iguales, sin sensación de frío o de calor de ninguna de ellas. Y el sentimiento de vértigo antigravitatorio, de caída hacia ninguna parte y hacia todas a la vez. Hacia el vacío que le rodeaba hasta donde podía percibir.

Al instante, la sensación de sujeción del cuerpo que no es capaz de percibir, se sostenía absoluta. Una constricción constante de su ser para inmovilizarlo en mitad de ninguna parte.

¿Qué es lo que pasa?, trata de decir a quien pueda escucharle. La voz no suena. No hay eco. En el lugar donde se encuentra no hay paredes o suelo donde el sonido –que nunca llega a producirse– viaje en ninguna dirección.

En la inmensidad del pequeño vacío que no llegaba a circundarle ni contenerle, trata de escapar con todas sus fuerzas. Huir hacia cualquier dirección, fuera de la prisión que encierra su mente consciente lejos del mundo. Apartada de todo.

El segundo después, el mundo toma forma a su alrededor y dentro de sí mismo. La urbe se expande infinita en todas direcciones, como si alguien hubiese encendido todas las luces del universo a la vez.

Onirico

Siente el tirón de la gravedad sin llegar a caer, y el contorno de la urna en la que viaja se hace visible. Apoya una mano incorpórea sobre el cristal, y la urna se desplaza a gran velocidad de un lado al otro del mundo, sin acelerar.

No, no es el mundo, piensa mientras recorre el futuro y el pasado, y el tiempo se abre ante él.