optimizado

CL4W-ER salió corriendo en dirección al accidente. Un bloque prefabricado de hormigón se había desprendido de la grúa que lo portaba y pendía de la cubierta del edificio en construcción. A pesar de que una decena de trabajadores trataban de evitar que cayese a la calle tirando de los cables de sujeción, apenas sí podían hacerse con el peso de la losa.

optimizado

Los trabajadores eran peones industriales diseñados para el traslado de cargas a compresión. Ahora, teniendo que soportar de cables de acero, no aguantarían mucho más. Por suerte, CL4W sí estaba optimizado en las habilidades necesarias para evitar un mal mayor.

Llegó al primero de los cables y extendió los apéndices laterales y desplegó los dos pares de garfios. Los dos derechos se ajustaron al tensor, mientras que los otros dos picaron sobre la estructura del edificio un boquete en su suelo por el que CL4W-ER introdujo uno de sus camalots industriales. Para ello, tuvo que canibalizarlo arrancándolo de su propio chasis. Una vez asegurado el tensor y ajustado el camalot a la grieta, se propulsó a sí mismo con sus seis deslizadores hasta el lugar donde dos trabajadores tiraban de otro de los tensores.

Conocía a uno de ellos, una unidad compacta especializada en soldado de vigas llamada Weldina. Sin embargo, ahora sus dotes como soldador eran poco útiles. Tanto él como su compañera, a quien CL4W-ER nunca había visto, estaban agotando sus reservas energéticas al tirar del tensor.

CL4WL-ER lanzó un cabo de acero que unió químicamente al tirante, y ató este a una columna cercana. Su ampliación secundaria de memoria RAM hizo las cuentas: a menos que más tirantes fuesen asegurados, aguantaría minutos. Luego, tensó el cable y liberó a Weldina y su compañero, a quienes mandó ayudar a la cuadrilla más alejada.

Él volvió a correr en dirección contraria. El capataz de la obra, un enorme trabajador similar a los antiguos bulldozers, se mantenía tumbado en el suelo agarrando hasta cinco de esos cables. Usaba la tracción de sus ruedas a modo de seguro, bloqueándolas.

—Hola, CL4W, ¿una ayudita?—dijo por una línea privada—No es que no me guste espatarrarme de vez en cuando, pero la verdad es que mis servos han pasado hace unos segundos la tensión admisible. Si sigo así, acabaré hecho trizas.

—Tú no tienes piernas, Toro—vocalizó CL4W-ER con su altavoz primario, corrigiendo a su compañero. Nunca le había gustado hablar sin hacer uso de la atmósfera, a menos que fuese estrictamente necesario.

—Ya. ¿Ves los empotradores que tengo en el lateral izquierdo? Úsalos.

CL4W-ER saltó sobre su colega y vio los empotradores. A diferencia del que se había arrancado a sí mismo, estos tan solo estaban colocados sobre su capataz, unidos a cabos de fibra trenzada. Retiró todos los que pudo cargar y se colocó delante de Toro.

Al ser más pequeños, esta vez hizo uso del taladro que descansaba en su abdomen a modo de aguijón, y colocó cada empotrador en una de las nuevas fisuras. Soldó uno a uno cada dos agarres a uno de los tensores, yendo y viniendo varias veces a por material.

En unos minutos, Toro pudo erguirse sobre sí mismo. Ambos miraron a la azotea, donde el resto de equipos habían organizado una reacción en cadena que aseguraba la carga. Incluso uno de los peones estaba lanzando aguijones de fibrotela al bloque de hormigón para asegurar aún más puntos de sujeción.

—No ha estado mal—vocalizó CL4W a su compañero. Este trató de asentir con su cuerpo, pero una de los servos entró en bloqueo y reventó, abollando parte de la estructura interna de Toro.

—Podría haber sido peor—dijo este por el canal privado.


Gracias a Hans Moravec por proponer que la vida cibernética y la biológica podrían coexistir dentro de un mismo ente, y por Dan Simmons por novelarlo.