Razonamientos irracionales

—Ahora imaginaos el desconcierto en el que se vive cuando las razones dejan de lado el paso de los sentimientos como pilares de lo importante… cuando la lógica se repliega a un lugar oscuro de la memoria ante el avance de las emociones. Imaginaos el vértigo.

razonamientos irracionales

Hizo una pausa dramática mientras giraba sobre sí mismo apenas un metro, lo justo para ocultar de modo parcial su rostro. Sabía por experiencia que a los alumnos les encantaban esas pausas cargadas de significado sintiente. Lo sabía porque lo había calculado. Avanzó unos metros por la tarima de cristal y volvió a girarse despacio en dirección a los doce alumnos.

—Imaginaos —dijo—. La pérdida que supone. En el sentido de estar perdido. Imaginaos que sabéis sin haber aprendido. Imaginaos que entendéis sin que medie ninguna explicación. Quiero que penséis en lo que supone rozar un tema con la mente y saber al instante todo lo que se conoce al respecto. El impacto que eso supone para la razón.

Otra pausa, esta vez inmóvil. Posando sus ojos en cada uno de los estudiantes de filosofía moderna, un segundo a cada uno mientras recorría la clase. Sus rostros le observaban a él, más curiosos que intelectuales. Los jóvenes querían aprender, a diferencia de lo que decía el simplex de la universidad o la esfera de datos asociada, así como varios supuestos estudios actuales. Ellos querían, pero necesitaban un ambiente en el cual su curiosidad se viese fomentada, no recluida a una jaula transparente.

—Imaginaos lo que ocurre cuando nada de los que piensas tiene lógica o razón, cuando tus pensamientos manan de una fuente no-sintiente situada en algún punto sobre la confluencia de la red de datos. Un punto que ni siquiera es físico, y que se apoya en las transferencias de información entre nodos, y no en los nodos en sí. Una fuente que ni siquiera se conoce a sí misma pero que actúa como matriz de comunicaciones para aquellos que están conectados a ella. Aquellos que son ella. Una transmisión de datos en tiempo real. Un verdadero flujo de consciencia hasta los seres periféricos que solo tienen que rozar un tema con su mente para ser eminencias al respecto del mismo.

Los alumnos observaban, inconscientes a su propio rostro, con la boca abierta en una clara actitud de asombro. Todos han visto diagramas de cómo funciona una hibridad pilotada por una burbuja sobre las redes de Internet y el simplex. Sobre cómo los robots habían autoevolucionado para disgregar su memoria y mente del cuerpo que manejaban. Pero un gráfico o croquis, por muy lleno de datos técnicos que estuviese, no era capaz de expresar la esencia de lo que transmitía el profesor con sus gestos y palabras.

—Imaginaos —siguió hablando, levantando los brazos en el aire para centrar su atención sobre su rostro—, que toda vuestra vida es así. ¿Qué supondría para vuestra mente no el hecho de saberlo todo en todo momento, sino de comprenderlo todo al instante? De interiorizarlo y de entenderlo como lo entiende la persona que más sabe al respecto en el mundo. Y así, con toda materia, reflexión, pensamiento, teoría… Todo. En todo momento: si lo piensas, lo sabes. Razonamiento irracional. Sabiduría instantánea.

De nuevo, silencio por parte de los jóvenes.

—Yo fui criado, supongo que esa es la palabra correcta, del mismo modo en que habéis sido criado vosotros. Acelerado, por supuesto, mediante una curva exponencial que comprime los primeros veinte años de vida humana en cinco meses. Pero ese aprendizaje humano me ha hecho conservar una estructura de pensamiento similar a la vuestra —dijo, moviendo sus pies en forma de oruga mecánica y haciendo girar sus manos organometálicas en el aire, señalando a los humanos frente a él—. Y esto significa que sé cómo pensáis. Y no lo sé porque el flujo de consciencia me lo diga desde el simplex, no. Lo sé porque lo aprendí a lo largo de mi corta vida de estudiante. Pero ahora, imaginaos que, en vuestro cerebro, no hay una diferencia entre lo aprendido y lo descargado. No hay ninguna fisura entre aquello que habéis interiorizado por experiencias y lo que experimentó otra persona cuyos recuerdos poseéis. ¿Lo tenéis? No, por supuesto que no lo tenéis. No lo tenéis porque es un concepto fuera de la lógica humana. Un concepto que ni siquiera tiene sentido para mí, lo que no tiene nada que ver con el hecho de que o crea cierto. Porque sé que es cierto. Porque es lo que el simplex me dice que es cierto.

Sonrió a los alumnos con una mueca de fingida malicia, y cerró:

—¿Quién quiere conectar su cerebro al simplex durante unos segundos?

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