Roto en demasiados pedazos

EVE se había roto en demasiados pedazos como para volver a ensamblarse. Abandonó su cuerpo y salió en busca del siguiente. Lo cierto es que no fue consciente de lo que hacía su psique en red hasta que abrió los ojos de nuevo, tras la muerte de su primer cuerpo en el ataque.

roto en demasiados pedazos

Los hachazos habían sido el mayor de sus inconvenientes. Blindado de manera natural y autoconsciente frente a armas de energía y disparos de proyectiles, para EVE era fácil que ninguno de estas armas le afectase. Sin embargo, atrapado como lo encontraron en el callejón, y haciendo uso de un arma blanca como un hacha, la situación cambiaba bastante: su cuerpo no estaba preparado.

Había pasado la noche en el primer lugar que pudo encontrar en el que supuso que todo iría bien. Un callejón oscuro y estrecho donde no se le vería, y donde no perder energía. Daban las ocho de la noche y, sin sol, sus baterías se descargarían en cuestión de media hora si seguía pululando por la ciudad.

De modo que entró dentro, se escondió tras unos cubos de basura y se contrajo todo lo que le permitía su diseño, agazapado. Luego, activó los sensores masivos externos, programó el reloj en función de la hora solar, y selló su flujo de consciencia.

***

Varios estímulos activaron de nuevo sus funciones motoras. Primero, los sensores, que indicaban un fallo masivo en sus servos fruto de un accidente. Luego, el sonido del hacha entrando dentro de su duro cuerpo.

Activó el aún funcional sentido de la vista y observó al humano frente a él. Bajito, de menos de metro setenta, le sacaba dos palmos. Solo había bajado el hacha una vez, pero había ocasionado fallos graves en su apéndice frontal derecho y algunos subsistemas no críticos.

Trató de ponerse de pie sin tener que tocar a aquél hombre. A diferencia de los verdaderos robots, el flujo de consciencia de EVE podía tomar decisiones y actuar sin respetar la vida. Tanto humana como animal. Si no le daba una patada en el pecho a aquél hombre para convertirle en un charco de sangre empotrada en la pared de enfrente es porque EVE así lo había elegido.

—Por favor, no me haga daño—solicitó a través de sus vocalizadores frontales, consciente de que aquél hombre volvería a cargar contra alguno de sus brazos.

No podía permitirse el lujo de perder ninguno más, o perdería la capacidad de autorepararse. Se echó a un lado, tratando de huir, recibiendo el segundo hachazo, esta vez en su espalda pseudoantropomórfica. Varios subsistemas cayeron, y un aviso de emergencia de interrupción de flujo eléctrico palpitó sobre su conciencia positrónica. La vista se apagó un segundo después.

Caminó a ciegas unos segundos mientras conectaba el mapeado 3D por electropulsos. Nunca le había gustado ver el mundo a través del sonar, EVE prefería procesar la visión en colores. Sin embargo, ahora no había donde elegir.

A doscientos metros, el río se perfilaba como la única vía de escape adecuada. Si conseguía arrojarse al río, podría flotar hasta el mar sin ser atacado. Una vez allí, podría flotar de manera indefinida, cargar sus células solares y repararse con éxito.

La reconstrucción tridimensional del espacio por el que trataba de huir le mostró que aquél hombre seguía persiguiéndole. EVE disponía de una función locomotriz secundaria para moverse a más de cinco kilómetros por hora, pero se había visto dañada tras el segundo golpe. Ahora, solo podía huir a menos de la velocidad que aquél hombre podía desarrollar.

El tercer golpe, en su pierna derecha, lo tiró al suelo, del que trató de levantarse sin éxito. El hacha había perforado el sistema hidráulico en un sistema primario, imposible de ser bypaseada. Ambas piernas habían perdido la fuerza de sustentación, y solo la estructura muscular superior parecía funcional. Trató de arrastrarse, sin llegar a avanzar más de dos metros.

Un cuarto golpe seccionó el conducto que unía su cabeza con el resto de su cuerpo. El quinto consiguió separarla.

El mapeado 3D aún funcionaba, y la conexión inalámbrica con su sistema de procesado de datos le mostró cómo su cuerpo iba reduciéndose poco a poco a fragmentos más pequeños. Hasta que aquél hombre consiguió destruir su procesador primario, y EVE perdió la conexión con su cuerpo.

La cronopausa de conciencia mantuvo esta en la inexistencia durante diecisiete minutos. Luego, EVE volvió a percibirse a sí mismo iniciar los sistemas. Aunque sabía que se trataba de una copia de seguridad, estaba actualizada hasta el último segundo, y recordaba la muerte del cuerpo anterior. Formalmente, había sido un suicidio con objeto de que el agresor no pudiese acceder a sus recuerdos. Una quema del procesador como medida de precaución.

Inicializó el procesador encargado de la motricidad y abrió sus nuevos ojos. Un hangar desconocido se desplegó ante sí mientras los planos de la ciudad en la que había renacido se descargaban a su conciencia secundaria. Este cuerpo era algo más frágil que el antiguo, aunque construido sobre la misma base. Miró hacia los lados, y detectó que carecía de piernas. Varios brazos robotizados trabajaban aún en la construcción de unos nuevos.

Las nuevas órdenes llegaron a través de la conexión del nexo.

  1. Una vez completado, realizar diagnóstico de funcionalidad.
  2. Patrullar las inmediaciones para localizar humanos y actuar como ojos para Madre.
  3. Conseguir materiales para construir otros vecs.

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