Simulados: cuando los programas tengan derechos

Los invisibles sonidos mudos – ¡Léelo gratis!

Recuerdos – ¡Léelo gratis!

Y por eso todos los planetas saben a pollo – ¡Léelo gratis!

Unidad de detección de delitos en entornos simulados – ¡Léelo gratis!

Los simulados también son personas – ¡Léelo gratis!

 

Simulados: cuando los programas tengan derechos es una antología de relatos cortos cuyo objetivo es plantear problemas que todavía no hemos tenido tiempo de crear. Ambientado en un futuro en el que las simulaciones son tan reales como el mundo físico en el que vivimos, los conflictos éticos y filosóficos están a la orden del día en un mundo tan corporativo como el nuestro.

Portada simulados

¿Y si pudiésemos apagar la voz de otras personas? ¿Puede un programa enamorarse? ¿Qué derechos tiene un programa autoconsciente? ¿Y si el universo en el que vives se apaga por segundos? ¿Es menos una mente que ha nacido dentro de un ordenador que una que lo hizo fuera? Si es así, ¿cómo saber si vivimos en una simulación? ¿Puede un programa suplir a un ser humano? ¿Y si las prisiones del futuro fuesen laberintos sin paredes dentro de la cabeza de los presos? ¿Cómo puede una entidad simulada defenderse de quien posee su universo? ¿Estarías dispuesto a vivir dentro de una simulación si es el único modo de estar con alguien? 

Simulados en la ficción

La primera vez que leí sobre algo similar a un simulado fue en la colección Pórtico, de Frederik Pohl, novela en la que aparecen varios personajes viviendo dentro de un ordenador. Dan Simmons, con su magnífica saga Hyperion volvía a traer el concepto de vuelta con las IA y los cíbridos, seres cuya consciencia se encuentra en el plano IA pero viven y experimentan nuestro plano físico.

Unos meses después de publicar mis primeros relatos sobre los simulados, la serie Black Mirror presentó su especial de Navidad (Blanca Navidad) el 16 de diciembre de 2014, cubriendo también un mundo simulado. El capítulo San Junipero (3x04 de la misma serie) presentado en octubre de 2016, también tocaba el tema e iba un paso más allá. Y hasta aquí se puede leer.

Pero las personas electrónicas no solo interesan de cara al entretenimiento.

No es ficción

El 31 de mayo de 2016, la eurodiputada Mady Delvaux presentó ante la Comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo un «proyecto de informe con recomendaciones destinadas a la Comisión sobre normas de Derecho civil sobre robótica», que podéis leer en castellano con mis apuntes en el enlace anterior.

Meses después, cuando se llevó a trámite su texto y se hizo público, realicé un exhaustivo análisis sobre el mismo, cuyas notas puedo resumir en los siguientes derechos para los robots futuros:

  1. El derecho de servir a los humanos
  2. El derecho a ser identificados y marcados como robots.
  3. El derecho a ser apagados si no nos gusta su comportamiento o lo consideramos peligroso en cualquier modo.
  4. El derecho a ser una posesión.
  5. El derecho a ser considerado una persona electrónica si es suficientemente inteligente.
  6. El derecho a ganar dinero, pero solo si es para cubrir un desperfecto que pudiesen ocasionar.

Bajo esta cobertura, deduzco que el siglo que todavía está entrando no es un buen lugar para un robot autoconsciente. Pero, ¿qué ocurrirá cuando las máquinas piensen?

Introducción del libro

Entender cada capítulo como un problema, una maravilla tecnológica, un milagro, una ofensa o una verdad futura, entre otros, dependerá enteramente del lector. Las discusiones sobre este libro están completamente abiertas. Es por eso que cada capítulo cerrará con un enlace para su discusión en un foro abierto a todos.

Simulados: cuando los programas tengan derechos es un ejercicio de futurología y prospectiva con las diferentes posibilidades que escribí en base a los avances científicos modernos, en sus proyecciones futuras, en la imaginación y, he de admitir, construyendo sobre mi propia curiosidad. La idea era desarrollar situaciones plausibles pero futuras, y desarrollar sobre ellas contenidos realistas.

futuro y ciencia ficción simulados

Dentro de cada relato he tratado de incluir todo un vasto mundo exterior a la historia en sí. Hablo de aspectos como la macroeconomía, los cultos religiosos, el pensamiento moderno, las nuevas líneas tecnológicas, las leyes, las diferencias entre colectivos,… Todo ello ha de quedar plasmado en una conversación o en una descripción corta, con la dificultad que ello entraña.

Creo que cuando un libro toca la fibra sensible es cuando ese libro vale la pena, y el haber recibido quejas, protestas, insultos y amenazas durante la publicación de los primeros relatos (que podéis leer arriba gratuitamente) solo han servido como combustible para que siguiese trabajando.

Escribir este libro fue mi primer gran reto personal en solitario, y espero que el esfuerzo os haga pasar una lectura agradable repleta de dudas. Porque si algo es Simulados es un estado perpetuo de incomodidad mental y muchas preguntas. Alejandro Gamero, en su reseña del libro comentó que «no se trata de dar la respuesta correcta, sino de encontrar la pregunta más acertada», y por eso en este libro no hay respuestas.

El realismo en la ciencia ficción

“La ciencia ficción no es realista, es fantástica”, pensará mucha gente. Es lo que se nos ha enseñado desde pequeños. Por un lado está la novela realista, y por otro lado los dragones y los robots. Pero en mi experiencia como escritor me he dado cuenta de que hay una diferencia entre la ciencia ficción documentada y la que se basa puramente en la imaginación del autor.

Aunque yo apoyo gran parte de mis historias sobre la imaginación, las físicas de las situaciones son realistas. Y eso significa que no aparecerá ningún unicornio de la nada (a menos que sea un robot y haya sido programado para ello), ni un humano podrá saltar dos metros mientras se le acerca un coche en llamas y dispara.

Las situaciones imposibles son fantásticas, mientras que las situaciones futuras posibles son ciencia ficción realista. Esa, al menos, ha sido la base de mi diferencia, y comprendo que otro pueda verla de un modo diferente.

En mi ciencia ficción, si un coche viene hacia ti cubierto de fuego y no te apartas es muy improbable que no acabes muerto. El resultado evidente de ese acto es una muerte por atropello.

Hollywood nos ha malacostumbrado a una ciencia ficción de explosiones en la que los protagonistas salían vivos de situaciones difíciles (por no decir imposibles) y en la que en el último momento aparecía el héroe o heroína para librar al mundo de un mal sin una base sólida.

Pero existe una rama de la ciencia ficción mucho más oscura, más realista y mundana, donde los personajes son habitantes de un mundo como el nuestro, desplazado en el tiempo cien, doscientos años o un milenio. Se encuentran tan perdidos y tienen tanto miedo del mundo que les rodea como tú o yo. Y el hecho de que la técnica los haya mejorado en algún parámetro no significa que sean superhéroes o que puedan afrontar el día a día mejor que nosotros.

El contenido del libro

Este libro se compone de varios tipos de relatos. La parte que más me ha entusiasmado escribir, por sus implicaciones sociales, es la de simulados. Los simulados, y este es el único término que definiré, son unidades de computación integradas en un entorno virtual que se ven a sí mismas como humanos. Son, en esencia, programas. O un conjunto o sesgo de ellos, que conforman personalidades y, estoy seguro, serán un problema mental dentro de cierto número de años.

No, desconozco ese número, aunque me encantaría poder llegar a ver estas entidades «vivas». Los simulados son, en realidad, nosotros mismos. Son incapaces de ver más allá de lo que se sitúa delante de sus ojos, se su umwelt [1] [2], de su realidad. Lo cierto es que tú vivirías tu vida exactamente igual tanto si vivieses dentro de una simulación como si no lo hicieses. A menos, claro, que alguien te abra los ojos y te muestre que vives dentro de un pequeño universo dentro de una enorme computadora. Es en ese momento cuando las grandes preguntas de tu universo cobrarían una importancia real en el día a día.

¿Qué piensa un simulado acerca de su propio yo? ¿Tiene aquello que los cristianos llamaron libre albedrío? ¿Podrá reencarnarse? ¿Aspirar a ser más? ¿Tendrá esa parte llamada alma? ¿La tendremos nosotros si los creamos? ¿Podrá ser aceptado como un igual por un humano de carne y hueso? ¿Es menos la información atómica que la computacional? ¿Hasta dónde llegarán sus derechos? ¿Tendrá validez su filosofía? ¿Cómo demuestro que no soy un simulado?…

Me gusta el futuro pero siempre que veo o leo sobre él encuentro guerras, batallas, conflictos llenos de balas y una humanidad en conflicto contra robots, alienígenas o fuerzas de la naturaleza. Pero a mí me gustaría analizar una rama concreta del futuro, en la que creamos, como decía la voz en of de Tony Stark en Iron Man 3, nuestros propios demonios sin saberlo, inconscientes ante el lejano futuro. Un futuro que, lo cierto, es que ya nos ha encontrado tanto si nos gusta como si no.

En laboratorios de todo el mundo se llevan a cabo simulaciones por ordenador y es raro el niño que no ha jugado dentro de un simulador de cualquier tipo. Desde vehículos hasta helicópteros militares. Los videojuegos, como GTA o Los SIMs, nos han abierto aún más los ojos. Juegos de creación (o destrucción) como estos nos llevan a preguntarnos en la siguiente generación de videojuegos. Estos dos conceptos mencionados se acercan, con cada edición, más y más a la realidad del mundo. Lo simulan mejor con cada nueva programación. No es muy difícil imaginar cómo dentro de cierta cantidad de años podremos generar entornos simulados que se disputen el realismo con nuestro universo.

Quien haya seguido la saga de Assassins Creed sabrá de qué estoy hablando. Alguien que juegue el entorno simulado de la última versión encontrará increíblemente pobre la primera, así como quien ha experimentado fuertemente la realidad puede no encontrar sentido en sumergirse dentro de una pantalla o un libro.

Creamos películas, videojuegos y libros, además de para aprender, para huir del mundo. Casi todas las personas consultadas para la escritura de este libro antes de su salida han contestado: «Ah, como en Matrix». Pero lo cierto es que el film de los Whatsoxky vino mucho después de la batalla mental de Friederik Polh y sus heechees a quien debo la inspiración.

También quiero aprovechar para dar las gracias a los heechees.


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[1] Para aquellos interesados en la limitación de los sentidos humanos, recomiendo la lectura de “What scientific concept would improve everybody's cognitive toolkit?”, David Eagleman, 2011

[2] “David Eagleman - ¿Podemos crear nuevos sentidos para los humanos?”, TED Talks marzo de 2015

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