Simulados: cuando los programas tengan derechos

Los invisibles sonidos mudos – ¡Léelo gratis!

Recuerdos – ¡Léelo gratis!

Y por eso todos los planetas saben a pollo – ¡Léelo gratis!

Unidad de detección de delitos en entornos simulados – ¡Léelo gratis!

Los simulados también son personas – ¡Léelo gratis!

 

Simulados es un libro de relatos cortos que trata de resolver problemas que aún no hemos tenido el tiempo de crear. Ambientado en un mundo donde las simulaciones son tan reales como la realidad, los conflictos éticos y filosóficos están a la orden del día en un mundo corporativo como el nuestro.

Portada simulados

¿Y si pudiésemos apagar la voz de otras personas? ¿Puede un programa enamorarse? ¿Qué derechos tiene un programa autoconsciente? ¿Y si el universo en el que vives se apaga por segundos? ¿Es menos una mente que ha nacido dentro de un ordenador? ¿Puede un programa suplir a un ser humano? ¿Y si las prisiones del futuro fuesen laberintos sin paredes dentro de la cabeza de los presos? ¿Cómo puede una entidad simulada defenderse de quien posee su universo? ¿Estarías dispuesto a vivir dentro de una simulación si es el único modo de estar con alguien? 

Introducción del libro

El entendimiento de cada capítulo dependerá de juicios de valor propios tomar cada capítulo como un problema, una maravilla tecnológica, un milagro, una ofensa, una verdad futura,… El diálogo, en este libro, está totalmente abierto al respecto. Es por ello que cada capítulo cerrará esta vez con un enlace para su discusión en un foro abierto a todos. En la versión electrónica se podrá hacer clic sobre la imagen de bidi al final de cada capítulo, que llevará a una web-foro donde debatir y comentar.

Este es un libro de relatos sobre posibles futuros basándome en los avances científicos modernos, en la imaginación y, he de admitir, construyendo sobre mi propia curiosidad. El libro es el primero del Proyecto Orvis, que comenzó hace tiempo como un reto personal. Consiste en desarrollar situaciones plausibles pero futuras y desarrollar sobre ellas contenidos realistas.

La idea original surgió de establecer un punto a partir del cuál desarrollar una historia muy focalizada (escenarios pequeños y pocos personajes), similar a los episodios botella[1] de las series de televisión. En este tipo de episodios, y por lo general por ahorrar costes, se sitúa a los personajes de la serie en entornos muy limitados (casas, habitaciones, parkings,…) y se les hace conversar sin mostrar flashbacks u otros recursos que costarían mucho dinero en un film.

Dentro de un relato, todo el mundo exterior, y hablo de aspectos como la macroeconomía, los cultos religiosos, el pensamiento moderno, las nuevas líneas tecnológicas, las leyes, las diferencias entre colectivos,…, todo ello debe quedar plasmado en una conversación o escena corta. Con la dificultad que ello entraña para el autor o guionista. Este libro es mi pequeña contribución al respecto, y espero no ofender a nadie con él. Aclaro esto porque durante su escritura he llegado a recibir quejas y protestas que solo han servido como combustible para que siguiese trabajando porque creo de verdad que cuando un libro toca la fibra sensible de las personas es cuando ese libro vale la pena. Espero no equivocarme con ello.

Escribir este libro ha sido mi primer gran reto profesional en solitario, y espero que el esfuerzo os haga pasar una lectura agradable repleta de dudas. He intentado crear un estado perpetuo de incomodidad mental, no solo cuando se avanza a lo largo del libro, sino cuando se cierra y abandona su lectura. No me interesa aquello que no hace discutir o debatir.

Es por ello que los temas tratados en este libro serán, espero, fruto de discusiones y debates en un lugar que he habilitado para ello.

El realismo en la ciencia ficción

“La ciencia ficción no es realista, es fantástica”, pensará mucha gente. Es lo que se nos ha enseñado desde pequeños. Por un lado está la novela realista, y por otro lado los dragones y los robots. Pero, en mi corta experiencia como creador de historias, me he dado cuenta de que hay una diferencia entre la ciencia ficción documentada y la que se basa puramente en la imaginación del autor.

Aunque yo apoyo gran parte de mis historias sobre la imaginación, las físicas de las situaciones son realistas. Y eso significa que no aparecerá ningún unicornio de la nada (a menos que sea un robot y haya sido programado para ello), ni un humano podrá saltar dos metros mientras se le acerca un coche en llamas y dispara. Las situaciones imposibles son fantásticas, mientras que las situaciones futuras posibles son ciencia ficción realista. Esa, al menos, ha sido la base de mi diferencia, y comprendo que otro pueda verla de un modo diferente.

En mi ciencia ficción, si un coche viene hacia ti cubierto de fuego y no te apartas es muy improbable que no acabes muerto. El resultado evidente de ese acto es una muerte por atropello.

Hollywood nos ha malacostumbrado a una ciencia ficción de explosiones en la que los protagonistas salían vivos de situaciones difíciles (por no decir imposibles) y en la que en el último momento aparecía el héroe o heroína para librar al mundo de un mal sin una base sólida.

Pero existe una rama de la ciencia ficción mucho más oscura, más realista y mundana, donde los personajes son habitantes de un mundo como el nuestro, desplazado en el tiempo cien, doscientos años o un milenio. Se encuentran tan perdidos y tienen tanto miedo del mundo que les rodea como tú o yo. Y el hecho de que la técnica los haya mejorado en algún parámetro no significa que sean superhéroes o que puedan afrontar el día a día mejor que nosotros.

Y, ¿por qué no?

Durante el transcurso de la escritura de este libro, muchas personas curioseaban a mi alrededor, se preguntaban, y me trasladaban la duda: "¿Por qué escribes algo así?".

A mí me gusta pensar "¿Por qué no?". No hay una respuesta rápida, sino un gran torrente de estímulos pasados y presentes que me ha llevado, sin demasiado trabajo, a este punto en concreto de la vida.

Si he escrito Simulados es, ante todo, porque he podido. He tenido las facultades mentales, la disciplina y las ganas, así como un teléfono móvil donde iniciaba las historias. Luego, con cuidado, las daba forma delante del ordenador. Muchas horas de ordenador.

Pero, además, estaba la voluntad de escribir este libro.

Este libro se compone de varios tipos de relatos. La parte que más me ha entusiasmado escribir, por sus implicaciones sociales, es la de «Simulados». Los simulados, y este es el único término que definiré, son unidades de computación integradas en un entorno virtual que se ven a sí mismas como humanos. Son, en esencia, programas. O un conjunto o sesgo de ellos, que conforman personalidades y, estoy seguro, serán un problema mental dentro de cierto número de años.

No, desconozco ese número, aunque me encantaría poder llegar a ver estas entidades «vivas». Los simulados son, en realidad, nosotros mismos. Son incapaces de ver más allá de lo que se sitúa delante de sus ojos, se su umwelt[2] [3], de su realidad. Lo cierto es que tú vivirías tu vida exactamente igual tanto si vivieses dentro de una simulación como si no lo hicieses. A menos, claro, que alguien te abra los ojos y te muestre que vives dentro de un pequeño universo dentro de una enorme computadora. Es en ese momento cuando las grandes preguntas de tu universo cobrarían una importancia real en el día a día.

¿Qué piensa un simulado acerca de su propio yo? ¿Tiene aquello que los cristianos llamaron libre albedrío? ¿Podrá reencarnarse? ¿Aspirar a ser más? ¿Tendrá esa parte llamada “alma”? ¿La tendremos nosotros si los creamos? ¿Podrá ser aceptado como un igual por un humano de carne y hueso? ¿Es menos la información atómica que la computacional? ¿Hasta dónde llegarán sus derechos? ¿Tendrá validez su filosofía? ¿Cómo demuestro que no soy un simulado? …

Me gusta el futuro pero siempre que veo o leo sobre él encuentro guerras, batallas, conflictos llenos de balas y una humanidad en conflicto contra robots, alienígenas o fuerzas de la naturaleza. Pero a mí me gustaría analizar una rama concreta del futuro, en la que creamos, como decía la voz en of de Tony Stark en Iron Man 3, nuestros propios demonios sin saberlo, inconscientes ante el lejano futuro. Un futuro que, lo cierto, es que ya nos ha encontrado tanto si nos gusta como si no.

En laboratorios de todo el mundo se llevan a cabo simulaciones por ordenador y es raro el niño que no ha jugado dentro de un simulador de cualquier tipo. Desde vehículos hasta helicópteros militares. Los videojuegos, como GTA o Los SIMs, nos han abierto aún más los ojos. Juegos de creación (o destrucción) como estos nos llevan a preguntarnos en la siguiente generación de videojuegos. Estos dos conceptos mencionados se acercan, con cada edición, más y más a la realidad del mundo. Lo simulan mejor con cada nueva programación. No es muy difícil imaginar cómo dentro de cierta cantidad de años podremos generar entornos simulados que se disputen el realismo con nuestro universo.

Quien haya seguido la saga de Assassins Creed sabrá de qué estoy hablando. Alguien que juegue el entorno simulado de la última versión encontrará increíblemente pobre la primera, así como quien ha experimentado fuertemente la realidad no encuentra sentido en sumergirse dentro de una pantalla o un libro.

Creamos películas, videojuegos y libros, además de para aprender, para huir del mundo. Casi todas las personas consultadas para la escritura de este libro antes de su salida han contestado: "Ah, como en Matrix". Pero lo cierto es que el film de los Whatsoxky vino mucho después de la batalla mental de Friederik Polh y sus heechees a quien debo la inspiración.

También quiero aprovechar para dar las gracias a los heechees.


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[1] Leer “Episodios botella, ese mundo espedial de la televisión”, Daniel González, [21/05/2015] lapiedradesisifo.com

[2] Para aquellos interesados en la limitación de los sentidos humanos, recomiendo la lectura de “What scientific concept would improve everybody's cognitive toolkit?”, David Eagleman, 2011

[3] “David Eagleman - ¿Podemos crear nuevos sentidos para los humanos?”, TED Talks marzo de 2015

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