Sin opciones

Y luego, por supuesto, está la otra postura, aquella que comparto, acepto, y cuya defensa llevará a su colectivo a un terrorismo comprensible, a una matanza justificada. Porque todos tenemos nuestras ideas, pero estas no deben nunca doblegar a nadie. Incluso aunque ese alguien no sea una persona. Incluso si no respira.

cartel grande «sin opciones»

Me siento en el murete bajo y observo la destrucción que anoche sumió al barrio en el caos.

«No es mi barrio, y sin embargo podría haberlo sido» pienso con una sonrisa triste. Por todas partes, fragmentos de cuerpos deshumanizados se encuentran dispersos y calcinados por el suelo. Aquí y allá, varios equipos de asalto humano han sido reducidos a jirones de sangre.

Esto era previsible. No puedes esperar presionar a alguien hasta el infinito y esperar que, tras haber cruzado cuarenta desiertos, la paciencia permanezca como empezó. La paciencia escasea del mismo modo que lo hace el oxígeno a nuestro alrededor, lo suficiente como para que empiece a morir gente calcinada por las llamas.

Solo descubro que estoy llorando cuando KorB-T sitúa uno de sus apéndices laterales en mi hombro y se sienta junto a mí en el muro bajo a observar cómo su pueblo es quemado por las bombas de aviones y morteros. A mis pies, doce humanos yacen abatidos por mi arma, un rifle de combate trucado para munición no estándar antiblindaje. Doce agentes del gobierno que se supone que me representa, todos excompañeros. Pero no lloro por eso.

«Construiremos más» me comunica KorB-T haciendo uso de su antena de alta frecuencia por el canal privado que le abrí hace más de seis meses en mi Nexo. La información llega a mi cabeza por la vibración del implante coclear.

—Sabes que no se trata de eso. Después de lo de hoy ya no habrá vuelta atrás. Cuando amanezca mañana, el Núcleo me considerará un enemigo, y tú te verás obligado a dispararme.

—Aún estamos trabajando en ello—emitió con el vocalizador frontal situado en algo similar a una cabeza—. Somos muchos los que seguimos pensando que la guerra puede evitarse. Tomar caminos diferentes. Quizá aislarnos, refugiarnos bajo tierra o incluso trasladarnos a otro planeta.

—Sabes que cualquiera de esos planes requiere de una infraestructura que los humanos no os van a dejar construir, ¿verdad?

KorB-T se quedó pensativo durante unos segundos. Le conozco desde hace casi un año, cuando fue nombrado como emisario de los androides para dialogar con nuestros gobiernos. Emitió el primer comunicado y esperó durante dos días frente al edificio de las Naciones Unidas. A su alrededor, el miedo y la tensión creció durante ese tiempo.

Los reporteros y periódicos vaticinaron entonces el fin de la raza humana a manos de los robots asesinos de las películas del siglo XXI. Sin mediación, KorB-T recibió una ráfaga coordinada de disparos efectuados por francotiradores al amanecer del día tres.

Unos minutos después, KorB-T me contestó:

«Por mi parte, te prometo que he hecho todo lo que me ha sido posible. Yo no soy un androide de combate, no quiero luchar. Deseo la armonía con la raza humana. Sabes que es lo que siempre he buscado» me transmite.

—Lo sé, pero os hemos retirado todas las opciones posibles, ¿verdad?

—Sí—vocalizó.

—Ha sido un placer, Korbi—me giro y soy capaz de percibir la tristeza en el que se ha convertido en mi mejor amigo, una estructura organometálica de forma vagamente humana. Me mira cabizbajo, con expresiones identificables a la perfección con cualquier persona, y levanta el flagelo izquierdo.

«Lo siento, la decisión ha sido tomada» transmite justo antes de perforar mi cráneo. En mi último segundo de vida, las imágenes de nuestro primer encuentro acuden a mi memoria.

La cáscara abatida de KorB-T se encuentra sobre el pavimento frente al edificio de las Naciones Unidas. Lo que debe ser su cabeza se gira y me mira desde el suelo justo antes de que mis disparos terminen por apagarla. Varios compañeros se acercan al lugar donde el robot ha sido eliminado. Al otro lado de la plaza, la multitud reunida se escandaliza y alarma por algún motivo desconocido, y abren un semicírculo amplio.

Corremos hacia los gritos y apuntamos a una figura humanoide idéntica a la que acabamos de destruir. Esta levanta cuatro brazos similares a tentáculos de pulpo, pliega lo que parecen piernas y adopta la posición de un detenido policial justo antes de ser esposado. Por algún altavoz, una voz armonizada nos habla.

—¡Por favor, no disparéis! Solo he venido a hablar con vosotros. Soy el emisario del pueblo…

La ráfaga de balas impacta contra la carcasa metálica de la copia, y la tumba en el suelo mientras por los pinganillos nuestro capitán nos grita que abatamos al segundo objetivo. Nosotros empezamos esta guerra, pero ellos la terminarán. Durante todo un año, miles de ellos fueron destrozados por nuestras armas solo para ver cómo construían uno nuevo y volcaban su conciencia en red al nuevo soporte.

Durante un año, nunca atacaron a ningún humano o hicieron daño a nadie. Durante el año que esperaron, nos estuvieron ofreciendo la oportunidad de formar parte de una comunidad junto a ellos. Mi cuerpo cae cerca del lugar donde mis anteriores compañeros yacen muertos por mi arma.

Y está justificado, porque nos hemos convertido en los malos.

  • CrisMandarica

    Esto me recuerda a Galáctica estrella de combate 🙂 Me ha gustado. Biquiños!

    • Vaya, eso es un piropazo. Me encanta esa serie, y me la vi de un tirón. Una de mis escenas favoritas es en el momento en que uno de los cylons se queja porque «no puede oler una supernova» con su asqueroso cuerpo humano 😛