Solo hay dos salidas

solo hay dos salidas

La sala cuadrada se encontraba tenuemente iluminada por una única bombilla colgada por un alambre en el techo oscuro. Tan solo un estrecho cono de luz en el centro de la habitación mostraba el suelo de hormigón sobre el que uno de ellos se mantenía de pie. El otro se encontraba en la sombra de la bombilla. Ninguna de las cuatro paredes, suelo o techo disponía de ventanas, puertas o trampillas por las que huir. Tras varios minutos de silencio, el que estaba bajo el foco habló.

—Soporífero

—¿Soporífero?

—Que duerme, quiero decir. Aburre, que se parece a algún tipo de somnífero.

—Ya veo. De modo que no le ha gustado mi relato

—Yo no he dicho eso.

—Pero le ha parecido…—Hizo una pausa.—. Soporífero.

—Sin duda no ha sido tan emocionante como me hubiese esperado. ¿Dos personas en una habitación?—Volvió a levantar los hombros, como si aquél gesto per sé fuese suficiente como para catalogar la situación de mediocre.

—En una caja—corrigió.

—¿Perdone?

—Es una caja. Las habitaciones tienen puertas.

—Ya veo—comentó, echando un vistazo alrededor—. Y la suya no tiene puertas.

—No ventanas—agregó.

—Ni ventanas, claro.

—De hecho, no tiene ningún tipo de abertura.

—Y, ¿cómo explica que haya dos personajes dentro?

—Oh, se trata, evidentemente, de un misterio sin resolver.

—¿Y debe resolverlo el oyente?

—Si así lo prefiere. Solo si desea saber lo que está ocurriendo, claro.

—Ahora siento cierta curiosidad de cómo han llegado allí. Parece que engancha.

—¿No le parece ya soporífero?

—Avanza despacio, demasiado. Y no comprendo algunas de las cosas que ocurren.

—Es un diálogo para pensar.

—Ya veo. Y, ¿para qué es el arma?

—¿No le gusta?

—Lo veo forzado. Aparece sin más, y después todo se emborrona. ¿De verdad cree que morirá así?

—¿Querría usted vivir en una caja para siempre?

—A lo mejor es que no han visto la puerta.

—Yo lo escribi.—Hizo una pausa y aclaró—. Le prometo que no tiene resquicios.

—Veo una situación similar.

—Se llama paralelismo.

—¿Qué haces?

—¿Por qué lo dices?

—Porque me estás apuntando con un arma. ¿De dónde la has sacado?

—¿Esto? Ah, bueno, habrá aparecido sin más.

—¿Dentro?

—Creo que llegó mucho antes que nosotros.

—A una habitación sin puertas ni ventanas?

—Exacto.

—Otro misterio.

—Sin lugar a dudas, así es.

—Como tu aspecto. Con este foco, solo veo de ti el brazo y el arma.

—Eso es porque estoy en un rincón sin demasiada luz. Sin…—Buscó la expresión correcta—. Protagonismo.

—¿Te importaría…?

—¿…salir a la luz?—Acabó la pregunta—¿Por qué?

—Para poder verte.

—Pero tú ya sabes cuál es mi aspecto.

—¿Fuera de aquí?

—¿Existe un «fuera de aquí»? Si es así, lo desconozco, la verdad.

—Aún así, me gustaría ver tu rostro, y que bajases el arma.

—Pero es que no esto no es un arma. Aquí, no.

—¿No?

—No, estoy completamente convencido de que se trata de algo más que un arma.

—Y, ¿qué es?

—Eso es otro misterio.

—Sin duda, este paralelismo ayuda a apreciar el sudor del relato. ¿Lo ve? Estoy sudando.

—Es emocionante, ¿no cree?

—Tiene sus altibajos.

—Y, ¿cómo cree que acabará?

—¿No acaba con los disparos?

—¿Quieres que acabe con los disparos?

—No, no. Yo no he dicho eso.

—¿Por qué levantas las manos? ¿Crees que voy a dispararte?

—Bueno, eres tú quien sigue apuntándome sin revelar tu rostro.

—También te he dicho que esto no es un arma.

—Parece que pueda disparar.

—¡Oh, sí! Eso sin duda alguna se lo garantizo.

—De modo que sí es un arma.

—Me temo que es algo mucho más grave que un arma.

—Tendrá que resolver las dudas sobre su relato. Empiezan a acumularse.

—Eso rompería el paralelismo, ¿no cree? En el relato no hay explicación ninguna.

—También hay dos disparos.

—Oh, sí, también está eso.

—No me gustan los disparos.

—A uno de mis personajes no le gustaban los disparos. Al otro sí. Y a mi me encantan.

—¿Y si digo que a mí me gustan los disparos?

—Oh, no me gustaría romper el paralelismo…tenga. Tenga, cójala. Ahora yo odio los disparos, ¿de acuerdo?

—De acuerdo. ¿Me da el arma?

—Para usted.

—Gracias, supongo.

—Ahora es usted el que me apunta, ¿ve?

—Estoy nervioso, hace un momento me apuntaba.

—Sí, eso es verdad. No puedo negarlo.

—Pesa más de lo que pensaba.

—Y no es tan fácil de disparar.

—¿De veras?

—De veras, hay que ejercer bastante presión sobre el gatillo. Más de la que parece.

—Ya veo.

—Pero tenga cuidado, solo hay dos balas.

—Eso son dos disparos.

—Ha dicho que le encantan.

—No quería morir. Desde luego no aquí.

—Hay cosas peores que morir aquí.

—¿Como qué?

—Como quedarse aquí para siempre.

—Bueno, no hay salida.

—Eso no es verdad. Hay dos salidas.

—Pero no hay puertas ni ventanas, ni ningún tipo de abertura.

—No las necesitamos para salir.

—Ah, ¿no?

—No, claro que no. Me temo que ese relato que a usted le aburría…no lo ha entendido.

—Quizá por eso no me haya resultado agradable.

—Sin duda es por eso. Si lo hubiese comprendido le habría parecido exquisito.

—Explíquemelo.

—¿Yo?

—¿Quién si no?

—Explíqueselo usted mismo.

—Pero, ¿qué dice? Ya basta de juegos. ¡Quiero salir de aquí!

—¿Y qué va a hacer?

—Voy… ¡a dispararle! ¡Le dispararé!

—Muy bien, pero tiene solo dos balas.

—¿No está asustado?

—Algo, pero soy optimista. Me aterran los disparos, pero no veo otro modo, y solo tiene dos balas.

—Deje de repetir que solo tengo dos balas, eso ya lo ha dicho.

—Lo repito porque es importante.

—¿Importante?

—Que tiene cierta relevancia.

—Sí, sé lo que significa importante. Salga de la zona sin iluminar.

—No.

—Salga o le disparo.

—Adelante. O me dispara, o salgo.

—¿Cómo?

—Si no me dispara daré un paso adelante y usted me verá la cara.

—¡Es su cara la que quiero ver, puto lunático!

—Por favor, no pierda los papeles. Tranquilícese. No querrá apretar el gatillo sin querer. Si lo hace, debe hacerlo de manera consciente.

—Ha dicho antes que cuesta apretarlo.

—He dicho que cuesta más de lo que parece, pero usted está nervioso, le tiembla la mano demasiado.

—¿Y qué?

—Nada, pero solo tiene dos balas.

—¡Una! ¿Ve? ¡He disparado al techo!

—Sí, lo veo. Y ahora ya solo queda una bala dentro de la pistola.

—Y es para usted.

—Muy amable.

—¿Amable?

—Por darme la única posesión dentro de la caja.

—Está usted loco. ¿Qué hace? Quédese quieto.

—¿Y si no?—Dio un paso adelante.

—¿Cómo? No puede ser…

—¿Por qué se aleja? Está fuera del foco.

—Porque usted se acerca. Quédese donde está. ¿Cómo puede ser?

—¿Cómo puede ser, qué?

—Tiene usted mi mismo aspecto.

—Más me vale. Ya le he dicho que usted conocía mi rostro.

—Deje de acercarse o disparo.

—Dispare, o me acercaré más. ¿Se ha dado cuenta de que es usted el que está ahora en la sombra y yo bajo el foco? Ahora solo veo su brazo y la pistola.

—¿Y eso qué significa? Deje de sonreír o…¡disparo!

—Dispare.

—¡Já! ¿Qué le ha parecido? ¿Eh? Se está desangrando y yo sigo vivo.

—Gracias.

—¿Gracias? ¿Por qué? ¡Se está muriendo!

—Quería ser yo la parte que consiguiese salir de aquí. Y solo había dos salidas—dijo, sonriendo.

La luz del techo se apagó.

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