Unidad de detección de delitos en entornos simulados

Capitulo 4. Unidad de detección de delitos en entornos simulados

Si supiese que la observo, no estoy muy seguro de lo que pensaría de mí. Al igual que una bacteria sobre la placa Petri, la joven es ajena a mis movimientos mientras la miro, y pasea inconsciente a este hecho. Dicen los analistas de la Red que los simulados son capaces de percibirnos en algunos momentos: movimientos bruscos de cámara, entradas sin control, focalización acelerada. A veces, el rastro de los observadores es observado por los Simulados. Siempre hay un rastro en el sistema, supongo. Al parecer existen leves perturbaciones que algunos de ellos han empezado a captar en la distorsión de esa atmósfera sin aire en la que viven. Para ellos, solo somos fantasmas.

No es el caso. La muchacha camina calle abajo, ignorando mi presencia aquí.

Ella lleva un pañuelo rojo al cuello, y los bits que desprende me notifican que huele a esencia de melocotón. A través de la interfaz interactiva puedo averiguar qué tipo de perfume usa, y dónde y cuándo la compró. Por algún motivo, la Red hoy carece del sentido del olfato para los no-simulados, algún tipo de glich, quizá algún problema de nueva implantación de los últimos programas de actualización. En ningún mundo puede olerse, pero los simulados no perciben el fallo en su submundo. Para ellos todo está bien, está ordenado.

Ella sigue sin percatarse de mí. Pobre, no podría hacerlo aunque quisiese. Aunque le explicasen qué es lo que está ocurriendo en realidad, y asumiendo que su cerebro sea capaz de asimilarlo, no sabría qué buscar, porque en su realidad no habría ningún indicio de mi presencia.

Para ella yo no existo, al igual que ella no existe para el mundo exterior, el llamado mundo real por los jodidos radicales. Al menos creo que el lugar donde nací es el mundo exterior. Si algo he aprendido de los entornos simulados es que el multinivel solo depende de un único factor: la potencia de cálculo del servidor. Por lo que sé, yo mismo podría tener un observador, y ser un simulado. Reconozco que no me importa demasiado porque he vivido con esa idea toda mi vida. Siempre existe la duda de que el universo conocido no sea más que un programa, una subrealidad o infrarealidad, o realidad de Nivel 2. Llámalo como quieras. Uno muy bien hecho, sí, pero un programa al fin y al cabo. Qué más da, tengo trabajo que hacer.

Ella es un programa, una rutina parametrizada de valores binarios. Y, si yo también lo soy, entonces alguien tendrá mucho trabajo que hacer en algún lugar de su propia ultrarealidad.

«Que se joda, que trabaje» pienso, esbozando una sonrisa totalmente invisible.

Nunca deja de resultarme curioso que ellos piensen dentro de ese entorno. Les dimos la libertad para hacerlo hace mucho tiempo. Ella se piensa a sí misma en el pueblo del Castillo de Combe en 1862, y se tapa la boca con el pañuelo rojo para evitar el olor. El visor emergente que muestra el registro de las partículas simuladas indica olor a heces y animales en descomposición. Eso significa que el río está cerca, con lo que abro el mapa del trazado del pueblo. Desactivo las capas de personas para que únicamente se muestren aquellas con las que la muchacha suele conversar. Es su pequeña red social de veintitrés personas. ¡Veintitrés!

Abro durante cinco segundos mi perfil privado de ciudadano, y un registro de ochocientas personas aparece en el círculo “Entorno cercano”. Y lo peor es que ninguno me cae bien. Por eso vengo aquí a descolgarme, a estalquear, como solía decir mi padre cuando los navegadores usaban un entorno plano en vez de tridimensional. Cierro el visor personal con una orden, casi enfurecido. Ella no es real, pero su vida tiene más significado que mi realidad banal. Su vida computacional es más real que la mía.

Ahora está cruzando el puente sobre el Río Brook, y se destapa la boca, sin duda para no respirar antes de llegar a las casas situadas al otro lado del río y fuera de la protección de la sombra del castillo. Yo la sigo a menos de dos metros de distancia y, viendo su comportamiento, agradezco el fallo en la rutina del olor. Es muy probable que la hubiese desactivado si una muchacha que ha crecido aquí tiene que taparse la nariz. Lo cierto es que de haber olido la podredumbre que subía del río, me hubiese mareado. No sería la primera vez que la simulación tiene que sacarme a la fuerza de un entorno similar.

Aprovecho para preguntar al propietario del servidor por qué han permitido que no llueva en cinco semanas dentro de la simulación, y un mensaje me confirma el envío y la traducción a checo. El servidor es checo, y los habitantes de la simulación hablan en este idioma, aunque ellos creen que hablan en inglés. Estas ucronías me dan dolor de cabeza.

Despliego el panel de clima y una lista fremium aparece. Una lluvia moderada de dos horas de duración y que comience en seis horas cuesta ciento nueve Dupondios, una moneda virtual sin control fiscal regulado. Menudos hijos de puta, la siguiente lluvia está programada para dentro de dos meses. ¡Dos meses, en Inglaterra! Es evidente que se trata de un abuso de poder del moderador del servidor, y que toda esta gente, simulada o no, pasará hambre la temporada que viene. Eso por no contar con las enfermedades que puedan aparecer debido a la suciedad de las calles.

Ella sigue caminando sin darse cuenta que el destino de su vida programada está al alcance de mi cartera. Si quisiera podría darle trabajo o hacer que las cosechas en las que trabajan su padre y sus cuatro hermanos creciesen un cinco por ciento más de lo esperado. Las normas internacionales que regulan la protección de seres simulados parte de la base de que solo se podrán manifestar mediante compra hechos positivos para la sociedad simulada.

Ya no se usa ficticio, llevamos cincuenta años sin usar esa palabra. Es más, llevo toda mi vida sin usar esa palabra. Y, aun así, sectores conservadores de mi país siguen pidiendo la liberalización de los entornos virtuales, de los submundos, menospreciando las vidas simuladas que en ellos se crean. A veces me gustaría habitar un mundo simulado en el que el nivel superior estuviese controlado por personas cercanas a la idea del karma, y decidiesen aplicarlo en esta realidad. Suponiendo, claro, que hay un nivel superior. Me pregunto si alguien pagó algún dinero para que yo pudiese tener este trabajo o encontrar a mi mujer. Esa idea me resulta graciosa.

Abro un canal de comunicación con uno de mis ayudantes en el Instituto, a menos de treinta metros de donde descansa mi cuerpo real.

―Jerb, te mando las medidas climatológicas y los datos básicos del servidor CZK-PRAHA-John-Ronald-5263. Comprueba los registros de precipitaciones de la zona en los años cercanos y analiza alguna variación con…

―Jefe, ya la tengo. De un 70% hacia la sequía. Es una pasada, ¿cómo está la gente por allí?

―Cultivos hechos una mierda y, al parecer, huele mal. Seguimos con los problemas en la recepción molecular para los no-simulados. Acabo de cruzar el río Brook y camino hacia la salida del pueblo. Al parecer hay algún tipo de protesta en marcha.

―Te estoy viendo. ¿Quién es la chica? Es guapa.

―Jerb, céntrate. Envía los datos a la central y abre una inspección. Averigua el verdadero nombre del creador del servidor, no creo que se llame John Ronald.

―No, jefe, no lo es. Nombre original Alexej Bobal. Programador de simulaciones. Estudió en la DKO, como yo, pero en la filial europea. Al parecer le echaron por problemas morales. Estoy abriendo el expediente de la policía. Dame un segundo.

―No te preocupes, yo aquí estoy entretenido. Lo cierto es que hace un tiempo magnífico para estar un rato. Para vivir, por desgracia, hace demasiado calor. Y el ambiente es seco, seco de cojones.

―Lo tengo, jefe. Varios delitos contra la propiedad de servidores, incluida prostitución y secuestro de Simulados. Fue justo antes de la Ley de Protección actual, de modo que se libró por los pelos. Luego se cambió el nombre dos veces y cambió su residencia cinco. En todos los domicilios hay un consumo de energía disparado. Debe de tener varias decenas de servidores piratas —se hizo el silencio por la línea—. No, espera. ¡No me jodas!

―Dime, Jerb, cuéntame qué pasa. ¿Ves algo?

―Te paso los datos, deberías verlos en un visor emergente. Este hijo de puta ha creado una civilización de tipo II en la escala Kardashov, casi seguro. Tiene solo ocho servidores, pero uno de ellos consume una barbaridad. Jefe, tiene todo un sistema solar ocupado. Setecientos mil millones de simulados, según las estimaciones de consumo.

―No necesitamos más. Denúncialo. Voy para allá ahora mismo.

Salgo manualmente antes de que acabe mi tiempo en el servidor y me preparo para el dolor de ojos que viene a continuación. No todos lo tenemos, pero algunos sufrimos una entrada brusca en la realidad, en nuestro nivel. Cuesta acostumbrarse a impulsos fuera de un entorno virtual cuando llevas más de media hora en uno. Uno de mis ayudantes, a quien todo el mundo llama T-Brill por no sé qué puñetas de rollo de comida neomexicana me aborda antes de salir de la vaina.

―Thomas, las noticias. Han pactado un convenio con el U-004B. ―Se trataba de un servidor ilegal expropiado con más de ocho mil millones de simulados. Todos ellos conscientes por culpa de su dueño de que su realidad estaba siendo controlada por humanos de un nivel superior.

Qué putada. Tras cinco días de deliberación finalmente nuestros estúpidos políticos habían tomado una decisión: van a darles el estatus de ciudadanos y enlazar su Internet con el nuestro. T-Brill siguió:

―Vamos a poder comunicarnos entre todos a partir de dentro de una semana. La UFT ha programado ya las obras de ampliación del superconductor de Texas y el nodo norte de Europa. Banda ancha a un nuevo mundo, a sus películas y sus libros. ¿Qué te parece? ¡Dicen que tuvieron más de dos milenios sin guerras en su realidad!

―T-Brill, no sé por qué coño estás tan contento. Ya ha pasado antes con otros tres universos y no te he visto leer nada escrito por alguno de esos desgraciados.

―Pero no deja de ser increíble. Al parecer su red de Internet tiene protocolos de eficiencia mejores que los nuestros, y mejores que los de los U´s anteriores, desde luego. En una semana, doce millones de humanos y los otros tres millones de simulados de los U´s liberados anteriormente van a encontrarse con otros ocho millones de almas atormentadas por descubrir que su mundo es una simulación. Me parece increíble, jefe. Y a ti debería parecértelo. Además, el U-004B estaba trabajando en prototipos de simulaciones similares a la suya propia, se encontraban a unos diez años de hacerlas viables. Ahora podrán hacerlas sin problema gracias a nuestros conocimientos. Incluso han estado hablando de permisos de migración a otros U´s. Los U1 y U2 están tratando de organizar algo así como un Puerto de Transferencia Controlado para que no se lancen a saltar de un lado a otro sin control ―T-Brill me miraba con sus ojos marrones, sin duda excitado por la noticia―. Lo que he dicho, increíble.

―T-Brill, ¿cuántos cafés te has tomado hoy?―Su cháchara interfiere con mi maravilloso dolor de cabeza presente.

―Ja, define hoy, jefe. Llevo aquí desde el martes y no me he ido a casa. He tenido que dormir en los barracones por la operación de los servidores del sur de Marruecos. Por desgracia, los volaron por los aires. Tranquilo, yo salí más de dos horas antes. Aunque Mike salió por el automático cuando los serves dejaron de existir virtualmente. Le duele la cabeza, y lleva seis horas en observación. Sin problemas, pero no cuentes son él esta semana. Ni…―Hizo una pausa―. la que viene.

En el sur de Marruecos había toda una red de servidores dedicados a la prostitución de Simulados. Se estimaba en más de mil millones de millones de simulados, y era tarea del Instituto analizarlos todos.

―¿Cuántos…?―comienzo a decir antes de ser interrumpido por T-Brill.

―Unos cien mil simulados, eran servidores pequeñitos. Ha habido suerte.

―¿Suerte? ―no me quedó otra que mirar a la cara de mi ayudante― Cien mil personas, todo un barrio. Que sean simulados no les resta derechos, y esto entra dentro de crimen de guerra y genocidio.

―Genocidio de simulados.

―Y de ideas.

La conversación nos había llevado a la zona de las oficinas sin que T-Brill se hubiese percatado de ello. Con una mirada de desconcierto comprobó que había salido de la sala de Conexión y, despidiéndose, volvió a bajar las escaleras hacia el que había sido su cubil desde hacía años. Jerb me esperaba junto a mi mesa con un informe en la mano.

―Firma esto ―me pasó dos hojas electrónicas sobre las que puse el pulgar.

―Sí, señor. ¿Algún deseo más? ¿Qué he firmado?

―Las órdenes de reconocimiento del checo. Creo que hemos batido un récord de liberación de Simulados con esta operación.

―No cantes victoria, aún puede apagarlos antes de que podamos intervenir. ¿No te parece una auténtica lástima? Imagina que alguien simplemente apaga tu realidad antes de que otra persona pueda defenderte.

Jerb me miró pensativo, y luego sonrió.

―Ahora el disfrutar de cada momento parece más importante que el segundo anterior, y mi decisión de que invites al departamento a cenar pizza queda totalmente justificada.

―¿Voy a invitar a todo el departamento a cenar pizza?

―Para eso era la segunda firma. Pero sabiendo que la realidad puede acabarse en un segundo, me siento menos culpable por haberte engañado.

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