Vínculo tecnológico

Una vez vinculados de por vida, se despidió de él cuando llegaron a la primera estación de la ciudad. El tren de levitación magnética siseó en las vías y, finalmente, acabó detenido. Se dijeron «adiós» con un modesto beso en la mejilla cuando las puertas rozaron el aire al abrirse, y él bajó del vagón.

Cartel «Vínculo tecnológico»

Aunque el tren estuvo esperando unos minutos más sobre los rieles electromagnéticos, él se caló el gorro, sonrió a la puerta aún abierta, y se echó la mochila al hombro para salir de la estación.

Ella se quedó sentada en su butaca, dando vueltas al suceso. Aún pasarían horas antes de que se atreviese a comunicárselo a cualquier otra persona. Primero debía reflexionar y sacar sus propias conclusiones al respecto del joven que le había acompañado durante las últimas horas de viaje.

Él era tres años más joven que ella, pero estaba dotado de una conversación más allá de la esperada. Desde que se subió al vagón y se sentó junto a ella, las miradas fueron y vinieron durante los primeros minutos para acabar cristalizando en un breve intercambio de palabras media hora después.

Separado por espacio de unos minutos, las palabras volvían a cruzarse, cada vez con más intensidad, en aquella atmósfera de viaje y cambio. Tanto ella como él poseían grandes maletas que completaron los aspectos triviales de la primera conversación, y ayudaron a completar los huecos de las respectivas historias que los llevaron hacia aquellos asientos. Tras ello, el diálogo giró en torno a las familias de ambos, y lo que el viaje representaba para cada uno. Él, con los ojos repletos de emoción, relataba el afecto hacia su hermana pequeña. Ella, sin poder disimular una sonrisa de felicidad, hablaba de cómo visitaría esa misma noche a su abuela.

La charla se amenizó, y gravitó sobre los planes de cada uno de ellos en la gran ciudad a la que volvían y que echaban de menos, sobre los estudios que les habían arrancado de los brazos de sus calles y sobre las ideas con las que se sentían cómodos y estaban dispuestos a defender. Aun a pesar de la diferencia de opiniones, el debate que iniciaron –por sí mismo- constituyó su nexo de unión.

Durante las siguientes horas, entre cada frase entre uno y otro, tan solo mediaban unos pocos segundos. Y, en muchas ocasiones, uno de ellos pisó el aire que el otro estaba usando para conversar, solo para disculparse y ceder la palabra.

Tras aquella tarde juntos, habían roto el sello que los mantenía en el desconocimiento del otro, y se intercambiaron los identificadores y claves públicas para el intercambio de información. Después de aquel canje, ambos estarían vinculados a través de las redes y la tecnología. La información que habían compartido entre ellas en sus respectivos lectores había sido instantáneamente subida a sus servidores privados a través de la antena satelital del tren.

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