Y por eso todos los planetas saben a pollo

simulados y por eso todos los planetas saben a pollo

El capitán del arrastrero suspiró frente al mapa tridimensional desplegado ante sí. ¿Dónde estaba la originalidad? La falta de originalidad del Sistema Solar moderno resultaba, ahora, no solo un vacío en el contenido, sino un enorme mapa de depresión espacial.

Ante los últimos hechos ocurridos en la falla abierta del Valle Marineris, el habitado desierto marciano, aquél mapa quedaba mejor explicado de lo que lo había sido los últimos treinta y siete años de mando para el capitán. Ahora la falta de originalidad de los exploradores espaciales había sido aclarada en detalle. Pero la humanidad nunca había querido la verdad desnuda, y no sabría encajarla.

La nave estaba varada actualmente en órbita geoestacionaria sobre Io, una de las lunas de Júpiter, y hacía unas horas había soltado la estación minera que ahora se encontraba sobre la superficie de aquella roca.

El capitán cerró los ojos. Io había sido, en su origen, una de las sacerdotisas del templo de Hera, amada por Zeus. Que es otro modo de decir que el hijo de Cronos le metió su falo divino. Al menos, en la mitología griega. La misma mitología que llenaba de nombres las rocas que giraban sobre aquél astro.

Pero el Nexo le hizo recordar otros Íos. El asteroide que aparecía en sus cartas gravitacionales de baja intensidad, siete institutos, algunos lenguajes de programación, diez mil cuerpos menores del Cinturón de Kuiper desde el cuál lanzaban los asteroides de hielo a Venus, un planeta situado a soles de distancias, varios grupos de rock.

El nombre de aquella violada se repetía en patrones fractales a lo largo de todo el universo conocido, al igual que Venus.

Los objetos catalogados como Venus, o asteroides del deseo, eran catapultados desde el Cinturón hasta la atmósfera del planeta del mismo nombre, donde explotaban en millones de pedazos de agua y rebajaban la temperatura de la atmósfera. Cientos de miles de asteroides eran llamados Venus, así como varios ríos en la Tierra y varios montes en Caronte, algunas ciudades en varios planetas y una infinidad de pintores mediocres. Demasiadas como para llevar la cuenta.

Todo el puto mapa rebosaba una la falta de originalidad de quien construye con planos copiados. Todo el Sistema Solar era la copia de la copia de la copia llevada al absurdo. Para los objetos transneptunianos ni siquiera se habían complicado la vida. Todos aquellos asteroides con protuberancias eran llamados Apolo, y aquellos con cráteres, Artemisa.

Doce de las ciudades más grandes de las Lunas se llaman York o New York, o NNYork, o alguna estúpida combinación similar. Los cráteres de todo el Sistema Solar han sido nombrados y renombrados con nombres de científicos y escritores de ciencia ficción. Los grandes valles tienen nombres de genetistas de la Edad Perdida. Todo estaba copiado, no existía originalidad.

El segundo al mando, un joven con el que servía desde hacía tan solo dos meses, carraspeó y volvió a preguntar al capitán por las órdenes.

―Parecemos incapaces de generar nombres nuevos― comentó el capitán, sin responder de manera directa a la pregunta, ignorándola por completo―. Llevamos cinco siglos revolviendo el mismo puñado de términos y rebautizando todo con ellos. Ahora tiene más lógica de por qué es así, ¿no cree?

El subalterno no contestó nada. El capitán siguió perdido en su monólogo.

―La humanidad somos una raza que hemos conquistado las estrellas. Bueno, formalmente, hemos conquistado una única estrella, pero las grandes Arcas ya navegan sin remos hacia la siguiente con objeto de fundar una colonia permanente. Esas propias naves son, en sí mismas, gigantescas colonias. Y, cada tres años, una de esas enormes barcazas con forma de cilindro que contiene todo un mundo dentro es lanzada al espacio. Todas en fila india, cada tres vueltas de la Tierra al Sol.

El segundo al mando siguió en silencio, mirando a los ocupantes del puente, personas perdidas a la espera de órdenes de su líder.

―Pero se pensaba aumentar la frecuencia de lanzamiento según fuese creciendo la población. Se lanzarían cerca de doscientas mil naves en un periodo de ochocientos años, y la primera llegaría allí cuando la última estuviese saliendo. Claro, que es posible que todo aquél proyecto de despoblación del Sistema Solar se cancelase ahora, ante los últimos hallazgos. ¿No cree, oficial?

El segundo al mando adquirió una voz débil y con dudas:

―No sabría decirle, señor… ―El capitán cerró, asqueado, el mapa con un gesto de la mano. ¿Qué significado tenía ahora todo eso? Todos los lugares arduamente conquistados por los exploradores espaciales y colonizadores no habían sido más que una programación inicial, una breve iteración en busca de una realidad coherente, una pantomima. Una gran mentira. Una vez conseguida la programación, solo bastó pulsar un botón para que la realidad se manifestase, para que el Universo comenzase a girar. Para que los corazones de todos aquellos errantes palpitasen por vez primera, pensando que llevaban años haciéndolo.

Tan solo hacía siete horas desde el comunicado marciano. Había sido retransmitido en todas las ondas y rebotado desde todos los satélites de comunicaciones. En tres horas, su nave sería engullida por el túnel de Escila y saldría a varios miles de kilómetros del puerto espacial Luna-V, sobre la Tierra. La antigua Tierra, no aquella colonia absurda al borde del sistema solar, montada en aquél limitado asteroide sin gravedad.

Al parecer, sus malformadas tropas de asalto debían incursionar en Qom-AI, una ciudad antes perteneciente a Irán y ahora propiedad del Imperio Bakr.

La ciudad, una de las más creyentes de la Tierra, había solicitado apoyo a las fuerzas Saudíes y al cuerpo de Pacificadores, pero ahora mismo todas las fuerzas antidisturbios habían sido movilizadas tras la emisión. Les tocaba a ellos, junto a la lanzadera Aer-Hermes, acoplada al arrastrero, encargarse de aquella ciudad tomada desde hacía cincuenta años por la Iglesia Amalgamada Islamicocatólica del Creador.

Según el Nexo, no dejaban de morir mandamases religiosos por todo el globo, fruto de una rabia política contenida en la programación de los ciudadanos de todos los planetas y colonias. A nadie le gustaba haber sido tomado por tonto, y los credos estaban siendo demolidos desde abajo. ¿Qué otra cosa se puede hacer cuando descubres que has destinado tu vida entera a una mentira?

Sin embargo, en Qom-AI, la sociedad se encontraba dividida entre el credo ciego y la nueva apertura de ojos que la emisión había proporcionado, y había estallado una guerra civil en las calles de la ciudad de doscientos millones de personas. Se creía que los muertos rozaban los diez millones en fecha actual.

 

Siete horas antes, un extraño fenómeno atmosférico había estado formándose a quince kilómetros sobre el valle marciano de Marineris. Una enorme nube de gas y polvo había aparecido, descendiendo en cuestión de minutos sobre la planicie cubierta únicamente por la carretera recta que unía la ciudad de Noctis en el oeste con Candor Chasma, al este. Para entonces, todas las comunicaciones del Sistema Solar recogían la noticia. Se hablaba de un auténtico encuentro con seres inteligentes, y ya en aquél momento la Flota tuvo que movilizar patrullas en las colonias de creencias radicales por pequeños levantamientos. Tras la emisión, casi todas aquellas colonias fueron dadas por perdidas.

La bruma, de un kilómetro de diámetro, se posó sobre el valle y, tras despejarse, se pudo ver un enorme complejo de lo que parecía hormigón oscurecido por el fuego. El edificio, semiesférico, se contemplaba como una esfera de quinientos metros de diámetro enterrada en el suelo marciano, con dieciséis carreteras que morían a escasos metros del complejo. Una de ellas había aparecido perfectamente orientada a un camino bastante transitado por los trailers de alimentos que llevaban el trigo marciano desde Coprates Chasma a la ciudad de Noctis.

Durante media hora nada salvo los parpadeos de las antenas del complejo suscitaron sensación de vida en el interior. A modo de luces de navegación, parecían indicar la altura del mismo, de unos quinientos metros en su parte más alta.

Ante la expectación, un batallón de milicia se había trasladado desde Ciudad de Olimpo y se habían desplegado en las diferentes carreteras que daban a la cúpula. Filmadas por reporteros de guerra, todas ellas mantenían la misma estructura: una puerta rectangular de lamas horizontales se encontraba cerrada. Sobre la puerta, un enorme número naranja y amarillo serigrafiado. Un número humano. Varios focos iluminaban cada puerta.

Las primeras noticias comenzaron a moverse a través del Nexo. Los extraterrestres existían y usaban los mismos números que nosotros. O bien eran parte de una humanidad perdida, o nos habían estado observando durante años. La red fue objeto de las más absurdas e inútiles discusiones teológicas. A juzgar por las compuertas, sus vehículos y carriles eran de un tamaño similar a los que los humanos usaban en Marte.

Cuarenta minutos después de la toma de tierra de aquél complejo gigantesco, la compuerta número siete, la que enlazaba con la carretera a Coprates Chasma, se había abierto. A ambos lados de la puerta se levantaban dos balizas luminosas perfectamente visibles aun a pesar de la leve tormenta de arena que se estaba levantando.

De la boca abierta surgió un único vehículo, un camión transporte similar a los usados en Marte, perfectamente formado. Nada en él parecía diferente a los camiones de tropas usados por la Flota.

Unos minutos después, la emisión causaba estragos por las ondas, y ocasionaba las primeras guerras civiles y de carácter ideológico. La humanidad no está preparada para la verdad. La humanidad no quiere que le digan que vive dentro de una gran computadora informatizada. No quiere que le digan que son fruto de un cómputo que tan solo llevaba cinco años funcionando.

Con razón todos los planetas poseen los mismos nombres, con razón el mapa parecía repetido, y es raro un asteroide con un nombre original. Así era más fácil de desplegar un Sistema Solar completo. Copiando.

El gran edificio de Marte se hacía llamar a sí mismo, según su representante, la Terminal de Acople del Multiverso, y permitiría a esta humanidad entrar dentro de otros servidores repletos de otros simulados que habían sido liberados de su esclavitud. De la esclavitud de la inconsciencia. Permitiría a la humanidad reforzar su conocimiento del universo y de todos los universos posibles. Multiplicando hasta el infinito las sinergias entre los científicos, y todos los mundos podrían mejorar.

 

El capitán interrumpió sus pensamientos para abrir el comunicado urgente desde su Nexo, y desplegó la pantalla para que todo el puente pudiese visualizarlo. Sobreimpreso sobre la imagen de la Tierra desde la Luna, las palabras “Misión cancelada” parpadeaban en rojo.

Cientos de pequeños puntos de luz indicaban los lugares en los que las armas nucleares tocaban el suelo en la Tierra. En varios minutos, cientos de miles de misiles tierra-tierra convirtieron la atmósfera en una espesa capa de ceniza y polvo.

La emisión desde la Luna se cortó. Un par de segundos después la recepción desde Marte hizo lo mismo. No hubo modo de contactar con ellos en los siguientes días, y nunca llegaron nuevas instrucciones.

La humanidad no estaba preparada para la verdad. Ni la deseaban. La humanidad lucharía a muerte por no tener que enfrentarse a ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *