Perdimos la luz de los viejos días, de Isaac Belmar

Supongo que puedes decir que te estás convirtiendo en un viejo de esos que repiten siempre las mismas frases cuando sentencias de manera constante con dos o tres afirmaciones que no puedes parar de repetir y que forman parte de tu ADN cultural. Yo cada vez digo más que escribo ciencia ficción porque quiero saber la respuesta a preguntas que no nos hemos hecho todavía, y lo repito como los abuelos cansinos que observan las obras con sus consejos de sabio.

perdimos la luz de los viejos días

Y, por algún motivo, me siento conectado a aquellos que no solo se las preguntan, sino que levantan un mundo al completo en torno a ellas para poder pasearse por sus calles y, espero, tratar de encontrar la respuesta que buscan. Una de esas personas es Isaac Belmar. Seguro que a alguno le suena el blog hojaenblanco.com.

Isaac, en su libro Perdimos la luz de los viejos días, genera todo un universo alternativo al nuestro situado exactamente donde se supone que nos encontramos, salvo porque ha llegado Maat.

Podría decirse que el libro trata la ciencia ficción, claro que se escurre entre las rendijas de la ficción realista para gotear sobre la fantasía. Aunque tiendo a acuciar esta distinción, he de reconocer que esta vez no me ha importado no tener claro la diferencia entre ambos géneros. Debe de ser debido a esa atmósfera extraña que crea Belmar gracias a la ayuda de Maat.

Pero no, dado que él no confiesa en sus sinopsis qué se esconde tras el nombre de Maat, guardaré el silencio de respeto. De lo que sí se habla es de ella.

«Se marchó de la mano de la enfermedad dejando solo a un hombre pequeño, al que no le queda nada excepto vengarse de la vida que se la arrebató. O al menos, de los que la hicieron sufrir a ella»

Así abre la sinopsis que me obligó a comprar el libro. Quizá el querer descubrir lo que le ocurrió a ella, o por qué él no se atrevía a vengarse antes, o desentrañar la identidad de los actores que sí saben de venganza. Quizá fue el odio y la agonía que los que no hemos hecho algo en la vida sentimos por aquello que ya no podemos cambiar lo que hizo que, apenas unas horas después de haber leído un par de líneas, el libro se encontraba ya en mis venas.

Supongo que lo que en realidad cuenta es que se pueda transmitir tanto en tan pocas palabras, ya que tras la lectura del primer capítulo resulta duro, e incluso tortuoso, dejar la lectura a un lado. Luego, resulta imposible desembarazarse de sus ideas y de esa luz que transmite. La misma que los personajes parecen haber perdido en un mundo tras la llegada de Maat.

Una obra de arte de la novela, narrada del modo especial que Belmar sabe escribir. Recomendable no, obligatorio.

El libro, corto, cuanta con 122 páginas narradas en primera persona desde varios de los personajes que corretean por sus hojas.

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