El «Internet of People»

Tras el boom de los dispositivos wearables del siglo XXI, nos vimos obligados a dar un paso más hacia lo que acordamos sería el futuro. Un falso paso hacia delante en un vano intento de engañar el mundo y, con él, a nosotros mismos.

El Internet of People

Las gafas, muñequeras y ropa se le quedó corto a una humanidad basada en el consumo por el consumo, obcecada en tener siempre el último modelo del último dispositivo con la tecnología más avanzada. Pero aún quedaba un chip que conectar al Internet de las Cosas. Uno que disponía del mayor procesador del universo conocido, uno que no habíamos alcanzado a comprender del todo la primera vez que lo conectamos.

Puedo ver la lóbrega escena gracias a la tecnología de proyección, palpar la humedad gracias a los algoritmos hápticos y saborear el aire enrarecido gracias a los sensores SEADM. La inclusión del volcado de mi conciencia virtual en el sistema devuelve bits interpretables por mi cerebro. Toda la escena ha sido verificada por los mejores analizadores de la red, y se encuentra online gracias a la Biblioteca Anonymous.

Le veo a él, y puedo girar la escena en el ángulo que sea necesario gracias a la molecularización en spray que incluyeron en la sala. Por aquél entonces, la tecnología pionera permitió una visualización 4D que, aunque pixelada y basta, mostraba una resolución suficiente de todo el entorno. Hoy en día, cualquiera con un adaptador eurístico es capaz de desplazarse por cada bit de información que el sistema haya recopilado de la superficie de la Tierra, e incluso algunas de las nanomoléculas han llegado a diez y doce kilómetros bajo la corteza.

Él se encuentra sentado en una silla metálica, fría al tacto, y atado de pies y manos mediante correas de cuero auténtico. El laboratorio no escatimaba en gastos. De aquella sala saldría la tecnología del futuro, la inmersión real de los humanos en Internet. Le inyectaron el primero de los tres sueros mientras el hombre charlaba tranquilamente con los doctores. Unos metros más atrás, cinco guardias de seguridad y dos policías se mantenían en guardia ante el prisionero.

Rahim Khaleb había sido uno de los primeros grandes crackers en piratear los recuerdos de la ampliación de memoria de un humano, un ejecutivo mediocre de una compañía de seguros minoritaria. El crimen fue detectado cuando el comportamiento de la compañía cambió. Las devoluciones masivas de capital a sus clientes y socios, y la cobertura total hacia los clients, terminaron de desajustar la frágil economía de la aseguradora. Khaleb había cambiado la consciencia de una persona alterando los recuerdos de su infancia, y admitió todo cuando la policía extrajo la ampliación de memoria externa del cadáver del ejecutivo. Se había reventado la cabeza con una escopeta de caza, pero el silicio situado en su Nexo permanecía funcionando sin alteraciones.

Hoy, hace cincuenta años, Rahim no tenía miedo a hablar con sus verdugos. Él mismo se había presentado voluntario por toda la humanidad, y millones de personas lo seguían como el Nuevo Snowden, manuscrito incluido. El gobierno, aunque permisivo, se había visto obligado a encarcelar a Rahim. Este hablaba de todo y de nada, tratando de conseguir que los doctores estableciesen algún tipo de conversación. Tras la tercera inyección, se demostró imposible.

Pronto, el sujeto quedó dormido, fue volteado, y comenzó la operación. Para instalar el módulo NXO hacía falta desmontar la parte trasera del cerebro casi en su totalidad, separar los lóbulos derecho e izquierdo sin romper ninguna unión, e incrustarlo sobre el tálamo. La operación duraba cuarenta horas, y las adelanto sin prestar demasiada atención a ella. Pienso en el momento en que él se despierta, y el vídeo pasa al momento 103 horas, 34 minutos.

Se encuentra en la misma sala, sobre la misma silla de metal en la cual fue operado. Mucho antes de que sus ojos se abran, la luz de la habitación comienza a parpadear y termina por apagarse. Varios de los operativos salen al pasillo, donde se puede observar la misma oscuridad. Por fortuna para todos, a Rahim no le dio tiempo de piratear más allá del módem del hospital cuando uno de los comandos HAMMER le metió un tiro en la cabeza.

Fue entonces cuando, por instinto, su cuerpo abrió los ojos. Y estos miraron al comando justo antes que alguien entrase en la sala con un lanzallamas y destruyese por completo el módulo y el cerebro de Rahim Khaleb.

Bloqueo la escena y navego sobre los registros de intercambio de datos del hospital. Parte de la consciencia del voluntario se había copiado con éxito a los servidores del hospital, pero hubiesen sido necesarias casi cinco horas más –y mucho más espacio- para una transferencia completa. Él fue el primero que trató de huir hacia el Internet de las Personas que ahora ayuda al gobierno.

Dos meses después, y sin la autorización expresa de nadie, un equipo de investigadores rusos lograron la integración de Seriozha Ivanov, un profesor retirado con cáncer de pulmón. Él fue la primera verdadera entidad en habitar el caos del ciberespacio, constituido casi cien años antes. Y fue él el promotor de la Barrera que evitaba que cualquiera pudiese volcar su consciencia al núcleo de Internet. Tan solo personas elegidas por una vida de bondad incondicional y sabiduría sin precedentes eran admitidas dentro, e incluso Ivanov renunció a su cargo de vigilante de la humanidad una vez que sentó las bases de su sistema, borrando toda copia de sí mismo.

Ahora vivimos atrapados en un paraíso del cual el Núcleo no nos permite salir. La violencia está prohibida. Suicidarse está prohibido. El bullicio está prohibido. La carne, cualquier tipo de drogas, los deportes de riesgo,… cualquiera de esos pequeños caprichos y caos en los que la humanidad había incurrido durante cientos de miles de años nos estaban vetados a todos aquellos que aún vivíamos en la Tierra.

Apagué mi NXO y pasee hacia la ventana que ocupaba toda la pared de mi cuarto. Estábamos atrapados en el paraíso, y no había modo de escapar de él.