El Pacto

Pacto

Las notas que producían sus dedos sobre el instrumento sonaban en perfecta armonía. Tan pura que, para cualquiera que observase con un mínimo de atención, el pacto que aquél hombre había hecho resultaba evidente. Al contemplarlo con detenimiento se podía observar cómo la cola acabada en aguijón rondaba su cabeza al ritmo de la música.

Los cuernos ardiendo coronaban su cabeza de llamas al son del vibrar de las cuerdas, y su aliento abrasaba el aire incluso a varios pasos de distancia. Sobre las teclas del piano, como si de una marca de fumador se tratase, sus dedos rubricaban amarillento el ahora prohibido marfil.

Pisaba el entarimado para conservar un ritmo que no le hacía falta con a fuerza de las pezuñas, invisibles bajo los zapatos, y toda su indumentaria lucía del color que debe poseer la sangre al manar del cuerpo.

A pesar de la tranquilidad y sosiego que trataba inspirar con su música, verle a él suponía observar una inmensidad de tormento roja con lagos de lava hasta donde alcanza la vista. Y el olor a sulfuro y amoníaco que despedía su piel era suficiente como para hacer ladrar a los perros de las inmediaciones. Sus aullidos, lejanos, se intercalaban en la música que calentaba la sala.

Demasiado en el modo en que el artista miraba alrededor resultaba histérico para los que se encontraban con sus ojos. Estos bailaban más aún que sus dedos sobre el marfil blanco, y lo hacían sobre todas y cada una de las butacas ocupadas en el pabellón. En lugar de concentrarse en las teclas, parecía que sus manos se focalizaban en el público.

Había rumores, secretos y mentiras al respecto de su maestría. En especial las últimas, cuyo coste era más asequible que el de las verdades. Se hablaba de una falsa herencia familiar, de un despertar tardío del talento, de cómo el amor le hizo ser mejor. Pero nadie habla del pacto que hizo con quien ahora es dueño de las cenizas en las que se convertirá.

El concierto termina, y el público se levanta. Aplauden, y el portador de la luz realiza una reverencia desde el escenario.